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The Stars ‘will’ (2005) |
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La banda había grabado un magnífico EP en 2001, ‘Today’, cuya única pega era la duración, breve, uno de esos discos que te dejaban con la miel en los labios, que se convertía en pura adicción enfermiza. Pero hubo que esperar un poco para una nueva y más extensa ración de The Stars, y ‘Will’, su primer larga duración no decepciona en absoluto. Es más, se trata de una obra maestra, así de claro. Las influencias de la banda siguen siendo Television y la Costa Oeste californiana, pero el sonido de este nuevo proyecto esté mucho más estudiado y centrado que en White Heaven, de forma que recuerda más al mítico ‘Moon Blood’ de Fraction que a los Quicksilver Messenger Service. Es decir, las guitarras siguen siendo incisivas e hirientes, las atmósferas dramáticas y asfixiantes, pero se puede apreciar un proceso de maduración claro. Ishihara y Kurihara se han hecho mayores, han madurado, y este ‘Will’ es la muestra clara. Un disco que derrocha perfección, de una belleza ilimitada, y que me atrevería a decir que se ha convertido en clásico instantáneo. Los tiempos de White Heaven han pasado y, aunque el espíritu es el mismo, aunque The Stars quizás no tenga la frescura y acidez de ‘Out’, ‘Will’ es una joya, incluso puede que sea un disco ‘más perfecto’ que el debut de White Heaven, más trabajado, más cuidado… El disco tiene dos partes claramente diferenciables: los tres primeros temas son poderosos ejercicios de hard psicodélico con toques punk de la escuela neoyorquina, otros dos son preciosos temas íntimos de irrespirables y dramáticas melodías, y el que queda es un pegadizo y bellísimo tema de Kamekawa. Así, la guitarra incisiva de Kurihara es la protagonista de la tremenda ‘Everlasting Daylight’, potente, con un estribillo pegadizo y unas guitarras salvajes, aunque para salvaje ‘Small White Wonder’, pura hard psicodelia, con Kurihara recordando con sus guitarrazos los dorados días de White Heaven… o ‘Twinkie Outside’, que cierra la cara A y que, sin duda, es una obra de arte, definiendo esa extraña expresión de ‘hard psych punk’ que la prensa musical ha creado para definir el sonido de la banda. La cara B, por su parte se sitúa en las antípodas de los tres temas de la cara A. ‘End Of The Year’ es tan dramática a lo largo de sus doce minutos que crea una atmósfera tan dañina que llega a doler… mientras que ‘Last Door’ (de Kamekawa) es un medio tiempo pegadizo y perfecto que, en un mundo ideal, vendería millones de discos como single, o ‘Orange Tour Circle’, de Kurihara, otro tema lento de melodía pesada y triste, emparentado de alguna forma con Ghost, otra banda de Kurihara. Absolutamente imprescindible.
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Reseña de Jano |
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