Pussy “Pussy plays” 1969


Uno de los más extraños y excitantes del progresivo psicodélico británico. Una joya inclasificable de una complejidad extraordinaria pero, a la vez, de una belleza inaudita. Ha sido descrito como ‘la Biblia de los amantes del progresivo y la psicodelia’, ‘la mejor rareza del psicodélico británico’ o ‘una auténtica joya’… Es un disco extraño, de eso no cabe duda, empezando por el nombre, Pussy, que significa, por una lado ‘gatito’ (como se aprecia en la portada del disco), pero por otro lado, también significa ‘coñito’ o ‘chochito’. Semejante nombre debía ocultar una banda no menos extraña, de la que apenas se supo nada hasta la reedición del álbum por Edsel Records en 2001, que se acompañaba de jugosas notas de Townsend (miembro de la banda). Parece ser que la banda nace de las cenizas de Creepers, una banda formada a mediados de los sesenta que contaba con Steve Townsend a la batería y narraciones, Dek Boyce a la voz y Jezz Turner al bajo. Hacia 1967, los tres miembros incorporaron a la banda a dos nuevos miembros que acabarían convirtiéndose en protagonistas del proyecto, el guitarrista Barry Clark y el multiinstrumentista Peter Whiteman, que se encargaría, sobre todo, de los teclados. El quinteto se colocó el equívoco nombre de Pussy. En realidad, parece ser que el proyecto del álbum nace de la mano de Danny Beckerman, un amigo de Clark, que arregló y produjo todas las canciones del disco además de ayudar a los coros y con algún instrumento. De hecho parece que a excepción de una canción (‘The Open Ground’, de Clark y Townsend) todas las canciones del álbum fueron concebidas por Beckerman, aunque tales concepciones fueron, evidentemente, tocadas por la banda, que no estaba por la labor de llevar a cabo las ideas (orientadas al pop) de Beckerman. Parece ser que, en principio, tres temas iban a ser instrumentales con largas improvisaciones. Lo cierto es que el talento de ambas posiciones, de Beckerman y de la banda, creó un álbum sobrecogedor. Sin duda se puede etiquetar como progresivo, aunque el toque psicodélico es mucho más patente. Los instrumentos son numerosos: a lo largo del disco se escuchan los necesarios ritmos de guitarra, bajo y batería, pero también hay una enorme presencia de los teclados, sintetizador o flautas. De hecho, quizás sea el teclado el instrumento más relevante del álbum que oscila entre el Steve Winwood menos jazzístico y el Keith Emerson menos clásico. El álbum se abre de forma magistral, con el llanto de un bebe, en la gran ‘Come Back June’, a la que le sigue el bajo, la batería y posteriormente, la guitarra con un riff muy de la Costa Oeste. Cuando comienza la voz te sorprende la melodía vocal, delicada y suave, y entonces comprendes que es un álbum enorme. La instrumentación es maravillosa, especialmente los riffs de guitarra y los arreglos de órgano (parece un Hammond), que por cierto realiza un breve solo. Es la canción más claramente unida al pop psicodélico, con una excelente guitarra, que realiza un solo al final del tema. ‘All Of My Love’ es, posiblemente, el mejor tema del álbum, un maravilloso cuadro progresivo psicodélico con una melodía bellísima y una excelente interpretación vocal de Boyce. Posee una guitarra absolutamente genial, que es acompañada y relevada por el órgano de Whiteman. Enormes arreglos vocales (magníficos breaks con voz grave) y grandioso, aunque breve, solo de guitarra. ‘We Built The Sun’ es un tema de los Pink Floyd de Syd Barrett, con una armonía vocal bien acompañada por una delicada guitarra. El trabajo de Clark es impresionante, como el de Whiteman, que realiza unos bellísimos arreglos de sintetizador acompañados de piano. ‘Comets’ es el tema más extraño del disco, un progresivo instrumental con marcado sentido transgresivo. Se trata de una canción cuya base roza el hard rock (excelente sección rítmica y riffs de guitarra) sobre la que se improvisa: por un lado, Clark realiza buenos riffs y punteos, por otro Whiteman hace auténticas locuras con el sintetizador, creando un tema oscuro y angustioso, donde los sonidos afilados y estridentes ocupan el centro. Tras semejante tema, llega la hora de relajarse con la preciosa perla ‘Tragedy In F Minor’, un instrumental comandado por los teclados y que se muestra como uno de los temas más dramáticos jamás grabados. El trabajo de la guitarra es prodigioso (esta vez, una guitarra acústica) que acompaña al enorme trabajo de Whiteman (los punteos de guitarra y los fraseos de piano se relevan continuamente), generando una atmósfera asfixiante de dramatismo. Hacia el final se suman el melotrón, con un sonido de violines. Tremenda. ‘The Open Ground’ es un tema más cercano a los dos primeros temas, donde el sonido ácido es patente. Se trata de un tema ecologista que habla sobre la capa de ozono (y en 1969), y posee una letra maravillosa de Townsend, con frases memorables (‘Hear the virgin cry / See the Summer sky tear at Winter earth’). Después viene la siniestra ‘Everybody’s Song’, uno de los temas más oscuros del disco. Posee un sensacional trabajo de Clark, cuyos riffs y punteos parecen caber en un álbum de Black Sabbath. Para cerrar el disco, el musculoso instrumental ‘G.E.A.B.’, un tema cercano al hard rock con buena sección rítmica y riffs de Whiteman, que sirven de base a los punteos de Clark. Buenos cambios de ritmo: tras el primero, un tremendo solo de Hammond de Whiteman, y tras el segundo cambio de ritmo (en realidad un riff), un portentoso solo de guitarra de Clark (que muestra que es un guitarrista sobresaliente). Excelentes aceleraciones, deceleraciones y cambios de ritmo, dirigidos por Whiteman y Clark. Una obra maestra imprescindible para cualquier amante de la psicodelia.

Reseña de Jano

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