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Prunos “Conciencias de la Raíz” |
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Autoedicón en CD 2008 |
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Tras un par de años de su anterior disco regresan los Prunos con un nuevo trabajo grabado a comienzos de 2008 que confirma que es una banda a tener en cuenta dentro de la escena argentina. La formación continúa siendo la misma: Gastón Malve a las guitarras; Jonatán Loredo al bajo y Juan Jimena a las baterías, componiendo así un trío que suena perfectamente cohesionado en la siempre difícil tarea de producir todo un disco de una hora de duración casi enteramente instrumental. ¿Como definir su música? Desde luego no podemos decir que sea un grupo de stoner rock, así sin más, si bien es verdad que pisan algunos de los terrenos que se suelen relacionar con este estilo: riffs potentes, una base rítmica fuerte, distorción guitarrera, etc ... Si embargo Prunos tienen algo que la mayoría de los grupos que se incluyen dentro de este estilo no tienen: paciencia, saben tomarse su tiempo para ir construyendo largos pasajes sonoros que llegan a ser psicodélicos por su fuerza evocadora y por arrastrar al oyente a una inercia de electricidad que va acumulándose a lo largo del disco sin llegar a sonar en ningún momento monótono o previsible. Los que busquen los típicos temas mil veces oidos pueden sentirse algo decepcionados, lo cual puede interpretarse como una virtud de los Prunos. Se compone el CD de 6 temas, todos juntos toman la apariencia de una especie de banda sonora de una película imaginaria que inevitablemente se va formando con total libertad (no hay apenas textos que nos condicionen) en nuestra cabeza. Se abre el disco con “Mareo de Tierra”, excelente introducción a la atmósfera del disco y que nos dispone mentalmente con un extenso paisaje sónico de gran lirismo. “El paso del Viento” es mucho más potente y rápido, aunque tiene varios cambios de ritmo. Con “La Bruma de los Santos” me ocurre como en su anterior disco, veo sobrevolar el espíritu de Neil Young (no se si el grupo estará muy de acuerdo conmigo), quizás debido a la (placentera) suciedad de la guitarra en sus riffs y solos. “El canto del Caburé” tiene una base de órgano y además incluye, excepcionalmente, un poco de voz. “Los ciento cuarenta y cuatro sellados” es un corte que si bien se inicia de forma suave pronto se convierte en el más contundente del disco. Cierra el disco la segunda parte de “El canto del Caburé”, que en principio es en la misma onda que la anterior aunque al final hay una larga y excelente parte que combina lo acústico con buenos guitarrazos ácidos. En suma, un disco realmente recomendable. |
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Más información en su web. |
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Reseña de Tapiman |
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Enero de 2009 |
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