Pontiak “Sun on Sun”

Fireproof 2007


Éranse una vez tres hermanos, procedentes del estado de Virginia, que deciden que es hora de pegarle cuatro tijeretazos al blues de toda la vida, rociarlo con gasolina y quemarlo... Del humo y cenizas de semejante experimento surgen Pontiak, que van ya por su segundo disco e imprimiéndole cada vez más personalidad a su particular forma de ver la música.

En ningún momento buscan el sobresalto o la acción directa, ni siquiera esperan complicidad en el oyente, lo suyo es ir tejiendo poco a poco, alternando partes melódicas y otras más "ruidosas", instrumentaciones muy crudas y la atmósfera de un garaje frío y húmedo. Empiezan fuerte, sin virtuosismos de ningún tipo y con el tema que mejor define la música de Pontiak, un riff sencillo, una voz a lo Nick Cave, mucha reverberación y un estribillo efectivo con todo el peso del blues y el gospel pero saturando bien las válvulas, con el maestro Neil Young como punto de referencia. "Swell" es el segundo corte y aquí es cuando la cosa se pone realmente interesante: percusiones que suenan lejanas, acoples de guitarras, sonido del viento y ninguna melodía ni voz, recordándonos al Tom Waits de Real Gone o incluso a los Boris más amantes de los excesos, un perfecto enlace con "White Hands", el tema que los lleva de vuelta al terreno melódico, sin dejar de lado las guitarras graves y pesadas.

Pontiak es un grupo al que le puedes encontrar cierto parecido con algún otro en un riff, una melodía o un sonido. "White Mice" te puede traer a la cabeza a los Black Keys e incluso al maestro de estos: el gran Junior Kimbrough. Por otro lado, el tema título tiene un más que notable parecido con Roto Blues de los grandes Viaje a 800, y tener ese pequeño gran clásico de nuestro tiempo como referencia no puede ser malo. En otras partes se vuelven más limpios, aparecen influencias del folklore más oscuro y sacan voces que remiten directamente a la garganta de Mark Lanegan. Sus rituales sónicos buscan la catarsis con los tres hermanos cantando a la vez, intentan crear atmósfera y buscan que el oyente se vaya sumergiendo poco a poco. El lado fuerte del disco es precisamente que el grupo da la impresión de vivir al margen de cualquier influencia, y todos esos puntos comunes que hemos comentado parecen casualidad, como si solo hiciesen la música que les sale de dentro.

Al final el disco acaba haciéndose corto (poco más de media hora), pero en sucesivas escuchas te das cuenta que tenía que ser así... a fuerza de oírlo te convencen sin ningún argumento particular. Sun on Sun es un disco destinado a ser escuchado y reescuchado, y no porque vayas descubriendo matices como ocurre en otros discos, es solo porque en su aparente sencillez se esconde algo verdaderamente adictivo.


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Reseña de Sergio Foghat

Enero 08


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