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Orthodox “Sentencia” |
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Alone Records 2009 |
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Amanecer en Puerta Oscura significó el desenmascaramiento en todos los sentidos. Pudieron quitar de la boca de los críticos supuestas influencias con las que sólo compartían similitudes de vestuario en escena y se atrevieron a dar el paso de incorporar nuevos instrumentos, de buscar distintas estructuras para los temas y de explorar formas de componer apenas vistas en grupos de rock actuales. Ahora, continuando ese camino, han llegado a un nivel de madurez y compenetración increíble, se ve mucha más confianza y trabajo detrás de su propuesta. Muchos van a querer ver un cambio radical cuando en realidad estamos simplemente ante una evolución, no demasiado drástica y que afecta fundamentalmente a la instrumentación. Echando la vista atrás es fácil ver que las constantes orthodoxianas siguen ahí: ese aire ceremonial, la hipnótica presencia de la tierra andaluza y su tradición y, sobre todo, esa sensación de que siempre queda algo que no comprenderás hasta que lo escuches una vez más. La tradición musical del sur de nuestro país es el tono con el que se abre el disco. Guitarra española, olor a viejo y esa marcha cofrade, a paso lento, seña de identidad del grupo, fácilmente reconocible aunque el público lo asocie antes a la música fronteriza norteamericana que a la música de la Semana Santa andaluza. Es posible que al escuchar varias veces el disco se tienda a considerar este tema como una "apertura", como introducción y preparación a lo que viene después, y en cierto modo es así, pero tambien estamos ante uno de los temas más "gráficos" de la carrera del grupo, con una inmensa capacidad de evocar imágenes. Escuchar esa guitarra tan descarnada, la solemnidad de la marcha mientras contemplas el increíble diseño de la carpeta, como si de un libro litúrgico perdido hace siglos se tratase, produce una sensación indescriptible y resulta el tema idóneo para empezar un disco tan complejo como Sentencia. En Ascensión se produce un curioso efecto, si William Blake diluyó las fronteras entre cielo e infierno en sus poemas, Orthodox hacen lo propio con su música. El tema, que parece tener vida, es el núcleo del disco y posiblemente el fragmento que mejor represente esa especie de conciencia colectiva del grupo. Comienza de la forma más oscura, con unas inquietantes notas que recuerdan ligeramente a Musica Ricercata de Ligeti, esas notas que Kubrick usó para crear un miedo irracional en su última película, aquí provocan un efecto diferente, consigue agitar al oyente y se aparta del estilo marcado en los primeros minutos. El empleo del contrabajo con arco, la batería con escobillas y el piano hará que rápidamente se le ponga la etiqueta de "jazz" pero, si bien es innegable cierto aire al disco debut de Tony Williams o a otros experimentos de gente como Andrew Hill o John Coltrane, Ascensión no es un tema "jazz" al uso. Él mismo se encarga de escapar de categorizaciones al desarrollarse y pasar, de esa manera "blakeana", de la oscuridad a la luz, dando lugar a unas partes de una belleza increíble, donde se canalizan corrientes musicales de hace siglos, que tanto pueden recordar -una vez más- al flamenco, como a Falla o Albéniz. El nivel de composición es inmenso, demuestra un cuidado extremo por cada pequeño pasaje o melodía y una forma de entender la música sin caer en lo tópico, liberándose de la tiranía del acorde como hizo Ornette Coleman e incorporando las ideas de Schoenberg, intentando que el oyente se vea envuelto por una niebla espesa, que cueste adentrarse en ella y se le requiera una atención especial, recompensando al que se atreva a hacer el esfuerzo. Sin embargo, es importante resaltar la fluidez del tema, como se puede pasar de experimentos vanguardistas, disonantes, a esas partes más melódicas sin que se pierda el hilo del tema. Puede parecer algo trivial, pero esta labor de "costura" no es sencilla y sirve, como ya ocurría en muchos cortes de Amanecer en Puerta Oscura, para potenciar el efecto de unidad del álbum. El final del disco es otra vuelta a las profundidades, el órgano saturado parece estar tocado en un templo antiguo. Una ceremonia funeral... como si esa ballena que adorna el diseño artístico del álbum hubiese luchado a muerte contra unos cuantos marinos y Orthodox fuesen los encargados de narrar la victoria del Leviatán. Es obligatorio volver a mencionar la cadencia y el ritmo, uno de los puntos fuertes del grupo y que los hace destacar sobremanera. No se trata de variar el tempo, de ser más lentos o más rápidos que el resto. Se trata de provocar el mayor efecto en el oyente, de inducir un estado similar a un trance. En "...Y la Muerte No Tendrá Dominio", Orthodox asestan "arponazos" y, sin perder ese estilo tan particular, se muestran incluso más oscuros por momentos, sin embargo no permiten que todo se vuelva negro, como en la obra de Dylan Thomas del mismo título, hay una cierta luminosidad que no se puede ocultar... No parece que esta música provenga de un grupo actual, es un canto anacrónico, una herencia de músicas religiosas antiguas y, a la vez, es puro "heavy metal". Orthodox se han introducido en arenas movedizas con este disco, abandonando las guitarras que les dieron un buen número de seguidores con Gran Poder, posiblemente conscientes del riesgo, pero creo que Sentencia es un triunfo en todos los sentidos, el álbum más complejo de un grupo con las ideas claras. Es hora de asomarse al borde... sin miedo. |
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Reseña de Sergio Ramos |
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Noviembre 09 |
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