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Muchas
veces me pregunto que pasa por las cabezas pensantes de un grupo
a la hora de ponerse a preparar un nuevo trabajo, especialmente
si el anterior te ha colocado la difícil etiqueta de
"grupo de culto". Lo más normal es contentar a
tus fans, otras veces directamente te sale el tiro por la
culata, pero en algunos casos das con las proporciones justas,
que te permiten crear un sonido particular y reconocible. Este
es el caso de Orthodox.
Amanecer en puerta oscura
no es un disco corriente, como tampoco lo era "Gran Poder",
pero este nuevo trabajo representa un paso de gigante y, sin
temor a exagerar, creo que puede ser uno de los discos más
"hipnotizantes" jamás hechos en nuestro país.
En cierto modo, el contraste con "Gran Poder" es tan
brillante que da la impresión que al crear su primer
disco ya tenían la idea para el segundo.
Unos
cuantos adjetivos vienen a la cabeza tras escuchar Amanecer
en Puerta Oscura: "Adictivo", "Espacial",
"Perturbador"... Se puede apreciar un balance perfecto
entre lo simple y lo complejo, entre claridad y penumbra, no hay
notas que sobren, pero tampoco que falten. Esta especie de
aproximación "minimalista" les acerca a la
música de ese gran grupo que es Earth, pero en realidad
su sonido es muy diferente. Como mandan los cánones, no
han copiado nada, simplemente se han dejado influir lo justo
para despertar un sentimiento similar en su música. Dylan
Carson conseguía "pintar" la frontera entre
México y Estados Unidos de forma perfecta en Hex...
Orthodox han hecho lo propio con su tierra y sus tradiciones,
las han rescatado para añadirlas a su música, pero
tampoco lo han hecho directamente, esa influencia de su entorno
va "destilada", solo queda lo esencial, el resto es
100% Orthodox, es decir, indescriptible...
El disco
empieza con todo un golpe de efecto para los que ya conocíamos
el trabajo de los sevillanos: "Con la sangre de quien te
ofenda" es un tema dominado por las guitarras en limpio,
donde los instrumentos no hacen el papel habitual en los discos
de rock. La guitarra lleva el ritmo, con un acorde que se repite
incesantemente, empujando y guíando al resto. El
contrabajo lleva todo el peso de la melodía, a medio
camino entre el doom y el jazz, dando lo mejor de si en unas
increibles partes donde éste se queda solo. La batería
ejerce, por decirlo de algún modo, de instrumento
solista, situada arriba en la mezcla con una contundencia
increíble. Personalmente no me gustan demasiado los solos
de batería pero lo que hace el batería en este
tema es algo diferente, cada golpe de baqueta está en su
perfecto sitio.
Este primer tema es quizá la
mayor declaración de principios de Orthodox, donde se
revelan como un grupo tremendamente original, compuesto por
músicos solventes y que prepara meticulosamente sus
temas, buscando dejar sin respiro al oyente, dando esa sensación
de "montaña rusa" tan difícil de
conseguir.
"Mesto, rígido e ceremoniale"
tiene un título acertado. Los ritmos lentos, que se
arrastran, dan al tema una aire "ceremonial". Las
guitarras se sitúan a medio camino entre Black Sabbath y
las melodías árabes filtradas a través del
flamenco... aprovechan ciertos momentos para dejar al lado el
riff principal e introducirse en las disonancias propias del
free jazz. En Orthodox el concepto de base rítmica no es
el tradicional, no se atan, pero como ocurre en la mayoría
de los temas es el bajo el responsable de marcar la línea,
con ciertas licencias en forma de pasajes y variaciones que
aportan una riqueza enorme.
"Solemne triduo"
es un tema que encaja relativamente mejor (estamos hablando de
Orthodox, no olvidemos) en las coordenadas del "doom"
y es el primero del disco con partes vocales. La clave de este
tema está en la mezcla de un bajo distorsionado,
guitarras limpias y esos cantos tan "hirientes", la
canción va creciendo, metiendo cada vez más nivel
de distorsión y dejando que la intensidad vaya creciendo
por el efecto de cada uno de los instrumentos, un caos
controlado... Justo cuando parece que todo va a estallar, nos
conceden un respiro: el tema que da título al disco
muestra a los Orthodox más calmados que nunca, usando
guitarras españolas, arpa de boca y ciertos efectos para
crear una atmósfera de tranquilidad, toda una "tregua"
para el oyente. Tras varias escuchas te das cuenta de la
importancia que tiene en este disco las diferentes "fases"
por las que va pasando. Si bien el disco tiene temas que
funcionan perfectamente por si mismos (y seguramente ganen en
directo) lo realmente impresionante es la experiencia de
disfrutar del disco entero.
"Puerta Osario" es
otro tema corto, sin más instrumentos que un piano, pero
aún así, en sus escasos dos minutos y con su poca
instrumentación, es toda una declaración de los
principios "Orthodoxos": música clásica,
tradición andaluza y el espíritu del free jazz de
Cecil Taylor. Además, sirve para marcar un punto de
inflexión en el disco. Mucha gente catalogará este
corte como "de relleno", pero en mi opinión eso
indicaría una falta de conexión con la propuesta
del grupo.
"Templos" es uno de los cortes más
interesantes para el que escribe. Partiendo de dos notas que se
repiten al contrabajo, el tema se va desarrollando cercano a lo
que se da en llamar "drone doom" pero siempre con ese
aire especial que tiene Amanecer en Puerta Oscura, con
mucha influencia del jazz en las percusiones y los vientos,
consiguiendo crear una atmósfera calmada y a la vez
desquiciante, como si una nube de insectos te hubiese anidado en
la cabeza. Sencillamente genial.
"Parte II.
Apogeum" es la continuación de "Mesto, rigido e
ceremoniale", parte de la misma base pero con un sonido
mucho más metálico, sumando a sus influencias
ciertos riffs y solos propios del thrash clásico. El tema
va creciendo hasta poner el punto final en su momento más
salvaje: quien dijo que ya no se hacía buen heavy metal?
Creo que ante semejante declaración de
intenciones poco más se puede añadir... Orthodox
suenan más maduros, y a partir de su ecléctica
colección de influencias han sabido acertar de nuevo, y
de lleno...
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