Orthodox “Amanecer en Puerta Oscura”

Alone Records 2007


Muchas veces me pregunto que pasa por las cabezas pensantes de un grupo a la hora de ponerse a preparar un nuevo trabajo, especialmente si el anterior te ha colocado la difícil etiqueta de "grupo de culto". Lo más normal es contentar a tus fans, otras veces directamente te sale el tiro por la culata, pero en algunos casos das con las proporciones justas, que te permiten crear un sonido particular y reconocible. Este es el caso de Orthodox.

Amanecer en puerta oscura no es un disco corriente, como tampoco lo era "Gran Poder", pero este nuevo trabajo representa un paso de gigante y, sin temor a exagerar, creo que puede ser uno de los discos más "hipnotizantes" jamás hechos en nuestro país. En cierto modo, el contraste con "Gran Poder" es tan brillante que da la impresión que al crear su primer disco ya tenían la idea para el segundo.

Unos cuantos adjetivos vienen a la cabeza tras escuchar Amanecer en Puerta Oscura: "Adictivo", "Espacial", "Perturbador"... Se puede apreciar un balance perfecto entre lo simple y lo complejo, entre claridad y penumbra, no hay notas que sobren, pero tampoco que falten. Esta especie de aproximación "minimalista" les acerca a la música de ese gran grupo que es Earth, pero en realidad su sonido es muy diferente. Como mandan los cánones, no han copiado nada, simplemente se han dejado influir lo justo para despertar un sentimiento similar en su música. Dylan Carson conseguía "pintar" la frontera entre México y Estados Unidos de forma perfecta en Hex... Orthodox han hecho lo propio con su tierra y sus tradiciones, las han rescatado para añadirlas a su música, pero tampoco lo han hecho directamente, esa influencia de su entorno va "destilada", solo queda lo esencial, el resto es 100% Orthodox, es decir, indescriptible...

El disco empieza con todo un golpe de efecto para los que ya conocíamos el trabajo de los sevillanos: "Con la sangre de quien te ofenda" es un tema dominado por las guitarras en limpio, donde los instrumentos no hacen el papel habitual en los discos de rock. La guitarra lleva el ritmo, con un acorde que se repite incesantemente, empujando y guíando al resto. El contrabajo lleva todo el peso de la melodía, a medio camino entre el doom y el jazz, dando lo mejor de si en unas increibles partes donde éste se queda solo. La batería ejerce, por decirlo de algún modo, de instrumento solista, situada arriba en la mezcla con una contundencia increíble. Personalmente no me gustan demasiado los solos de batería pero lo que hace el batería en este tema es algo diferente, cada golpe de baqueta está en su perfecto sitio.

Este primer tema es quizá la mayor declaración de principios de Orthodox, donde se revelan como un grupo tremendamente original, compuesto por músicos solventes y que prepara meticulosamente sus temas, buscando dejar sin respiro al oyente, dando esa sensación de "montaña rusa" tan difícil de conseguir.

"Mesto, rígido e ceremoniale" tiene un título acertado. Los ritmos lentos, que se arrastran, dan al tema una aire "ceremonial". Las guitarras se sitúan a medio camino entre Black Sabbath y las melodías árabes filtradas a través del flamenco... aprovechan ciertos momentos para dejar al lado el riff principal e introducirse en las disonancias propias del free jazz. En Orthodox el concepto de base rítmica no es el tradicional, no se atan, pero como ocurre en la mayoría de los temas es el bajo el responsable de marcar la línea, con ciertas licencias en forma de pasajes y variaciones que aportan una riqueza enorme.

"Solemne triduo" es un tema que encaja relativamente mejor (estamos hablando de Orthodox, no olvidemos) en las coordenadas del "doom" y es el primero del disco con partes vocales. La clave de este tema está en la mezcla de un bajo distorsionado, guitarras limpias y esos cantos tan "hirientes", la canción va creciendo, metiendo cada vez más nivel de distorsión y dejando que la intensidad vaya creciendo por el efecto de cada uno de los instrumentos, un caos controlado... Justo cuando parece que todo va a estallar, nos conceden un respiro: el tema que da título al disco muestra a los Orthodox más calmados que nunca, usando guitarras españolas, arpa de boca y ciertos efectos para crear una atmósfera de tranquilidad, toda una "tregua" para el oyente. Tras varias escuchas te das cuenta de la importancia que tiene en este disco las diferentes "fases" por las que va pasando. Si bien el disco tiene temas que funcionan perfectamente por si mismos (y seguramente ganen en directo) lo realmente impresionante es la experiencia de disfrutar del disco entero.

"Puerta Osario" es otro tema corto, sin más instrumentos que un piano, pero aún así, en sus escasos dos minutos y con su poca instrumentación, es toda una declaración de los principios "Orthodoxos": música clásica, tradición andaluza y el espíritu del free jazz de Cecil Taylor. Además, sirve para marcar un punto de inflexión en el disco. Mucha gente catalogará este corte como "de relleno", pero en mi opinión eso indicaría una falta de conexión con la propuesta del grupo.

"Templos" es uno de los cortes más interesantes para el que escribe. Partiendo de dos notas que se repiten al contrabajo, el tema se va desarrollando cercano a lo que se da en llamar "drone doom" pero siempre con ese aire especial que tiene Amanecer en Puerta Oscura, con mucha influencia del jazz en las percusiones y los vientos, consiguiendo crear una atmósfera calmada y a la vez desquiciante, como si una nube de insectos te hubiese anidado en la cabeza. Sencillamente genial.

"Parte II. Apogeum" es la continuación de "Mesto, rigido e ceremoniale", parte de la misma base pero con un sonido mucho más metálico, sumando a sus influencias ciertos riffs y solos propios del thrash clásico. El tema va creciendo hasta poner el punto final en su momento más salvaje: quien dijo que ya no se hacía buen heavy metal?

Creo que ante semejante declaración de intenciones poco más se puede añadir... Orthodox suenan más maduros, y a partir de su ecléctica colección de influencias han sabido acertar de nuevo, y de lleno...


Reseña de Sergio Foghat

Noviembre 07

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