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Mayblitz |
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Vertigo (1970) |
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La verdad es que este primer álbum de May Blitz tiene poco o nada que envidiar a otros clásicos similares (léase ‘Led Zeppelin I’, ‘Led Zeppelin II’, ‘Beck-Ola’ o ‘Cactus’), e incluso, se ha llegado a decir que bandas como Black Sabbath no sólo fueron influenciadas por May Blitz, sino que realmente calcaron su sonido (algo que es, sin duda, discutible, de la misma forma que Ray Davies afirmó que The Who les habían robado su sonido). Lejos de entrar en polémicas, lo que es indudable es que May Blitz influyó en una generación de músicos, especialmente británicos (The Groundhogs, Deep Purple, por ejemplo, pero también los discos posteriores de Led Zeppelin). También hay quien ha descrito el álbum como el primer intento de hacer hard metal (y esto parece menos discutible). La banda se formó en Inglaterra a mediados de 1969, por iniciativa del gran Tony Newman, un baterista impresionante que había sido miembro del Jeff Beck Group (fue el batería del mítico ‘Rock-Ola’ ese mismo año). Cuando Newman decide dejar a Beck para formar su propio proyecto, se encuentra con dos jóvenes músicos interesados en el rock progresivo, el bajista Reid Hudson (influenciado, como todos los bajistas de su generación, por Jack Bruce) y el guitarrista y cantante James Black. Así queda formado el power trio May Blitz a finales de 1969, y para comienzos del año siguiente (con sólo unos tres meses de preparación y ensayos) comienzan a girar sin parar por bares y garitos de Londres, hasta que son descubiertos por un productor del sello Vertigo, que también acababa de fichar a unos prometedores Black Sabbath. En ese mismo año, 1970, May Blitz graba su primer álbum homónimo. El disco ‘May Blitz’, aunque tuvo un éxito de ventas casi nulo, tenía todas las cualidades para convertirse en clásico del rock de su época (rock, blues rock, rock progresivo, hard psicodelia… lo tenía todo), pero su éxito se retrasó hasta finales de los noventa, cuando sus discos se comenzaron a vender como piezas de coleccionista y un buen número de bandas les declara como ‘imprescindibles’. Injusticias de la vida, pues ‘May Blitz’ es una obra de arte, uno de los discos más adictivos que se pueden encontrar. La banda es excepcional. A Tony Newman no le vamos a descubrir ahora, The Jeff Beck Group, Three Man Army, Boxer, David Bowie, Marc Bolan, Mick Ronson o Whitesnake son alguno de los grupos que están en su currículo. Por su parte, poco se sabe de Hudson y Black, aunque parece ser que volvieron a Canada. Hudson es un bajista impresionante, que marca el ritmo a la vez que ayuda a la guitarra, con una potencia desbordante; Black es un guitarrista genial, con una gama de recursos ilimitada, no en vano provenía del rock progresivo, y que mezcla guitarras eléctricas con acústicas, wah-wah con fuzz, nada se le resiste. Lo primero que llama la atención es su extraña portada, diseñado por el dibujante Tony Benyon. El extraño personaje de la portada se convertiría en su símbolo (también aparece en la portada de su segundo LP). El primer tema del álbum es una obra maestra, ‘Smoking The Day Away’, el tema por el cual el álbum es recordado. Se trata de un poderoso tema de más de ocho minutos en el que la banda expone todo su concepto musical, a través de una sección rítmica imparable, unos riffs de escándalo y uno de los mejores solos de guitarra que ha dado la historia del rock. El tema comienza con un ritmo de bajo y guitarra al que se le suma la batería, creando una atmósfera asfixiante y oscura que la voz no ayuda a hacer desaparecer. La forma en la que Black intercala guitarras eléctricas (maravilloso riff) con acústicas (parece que de 12 cuerdas) es espectacular. Luego se produce un cambio de ritmo iniciado con la batería y un punteo de guitarra adictivo, para después que el bajo y la vertía produzcan otro cambio de ritmo (prodigioso trabajo de Newman y Hudson) sobre el que Black realiza un solo inenarrable: riff con guitarra eléctrica y sobre él un solo magistral con la guitarra de doce cuerdas y también un solo con wah-wah (a medio camino entre el riff y el solo), y todo a la vez. Espectacular. Luego la guitarra vuelve a llevar a la banda al tema principal, segunda estrofa y fin. Una joya absoluta. ‘I Don’t Know’ es un blues poderoso que encajaría en el ‘Wheels Of Fire’ de Cream. El tema principal es un blues a la vieja usanza, salvo por los psicodélicos breaks del estribillo. Pero luego se llega a la mitad de la composición, con un interludio instrumental fascinante que inicia la batería, a la que se le suma el bajo y luego la guitarra en un increíble solo wah-wah, que recuerda a Hendrix (gracias, también, a la aportación de un bajo muy groovy). Se vuelve al tema principal y fin con una orgía de distorsión. ‘Dreaming’, el tercer tema, se abre con el lamento del cantante acerca de un psible mundo mejor, incluso hay referencias a ‘La maquina del tiempo’ de H.G. Wells (comparación de la sociedad actual con la paz de los tiempos primitivos), dando con una ideología típica del tiempo en el que la canción fue escrita. La instrumentación hacia la mitad del tema (profundamente estridente y caótica) representa el progreso, pues sólo se puede ir a peor. Se vuelve al tema principal hasta el final, en el que se oye una explosión. ‘Squeet’ es el tema con el que comenzaba la cara B, y se trata de un tema oscuro pero muy groovy (impagable Hudson, perfectas aportaciones de Black). Hudson se queda solo para introducir el solo de Black, con guitarras dobladas, que es un portento de fuerza y personalidad, en el que deja claro que es un guitarrista extraordinario, haciendo uso de unos recursos ilimitados. Vuelta al tema principal, que es muy funk, y final con un breve solo de guitarra. Genial. ‘Tomorrow May Come’ es un tema eminentemente psicodélico, en la línea del ‘Disreaeli Gears’ de Cream. Es un tema con una atmósfera muy dramática, y constituye el tema más relajado del álbum. Después, ‘Fire Queen’, iniciada con un solo de batería modélico de Newman. Se trata de un boogie psicodélico de pegadizo estribillo. Lo mejor es la base rítmica, en la que tanto Newman como Hudson se salen, así como Black con un anfetamínico riff, tan frenético como el solo que realiza, hacia el final del tema. Una locura. ‘Virgin Waters’ comienza con el sonido del agua, y es un tema muy melódico, con buen trabajo de Newman a la batería y percusiones. Para acabar, más agua. Un disco vibrante, uno de los más complejos hard psych que se han grabado, a la vez que uno de los mejores y más emocionantes. Un disco indispensable para cualquier amante del rock
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Reseña de Jano |
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