Marble Sheep” The gate of a heavenly body”


Siguiendo la linea de su anterior disco “For Demolition of a Spiritual Framework”, un disco que fue sorpredente en intensidad y que los alejó de sus anteriores trabajos, los japonenes Marble Sheep continúan con su ascensión hacia la cima del caos sonoro y la distorsión masificada. Es el suyo un sonido realmente anti-comercial y yo diriía que anti-cualquier-cosa, que pretende esculpir figuras musicales desde una muralla de guitarras llevadas a su más radical expresión. Así que, si hay palabras que puedan expresar un disco como este “The gate of a heavenly body”, yo eligiría tres: “Exceso” y “Saturación”, y en muchos sentidos “Descubrimiento”, aunque este pueda tardar en llegar. La banda está compuesta de: Rie Miyazaki al bajo y coros, Ken Matsutani a la guitarra y voz, Yasuyuki Watanabe a la batería, Hirokazu Furukawa a los teclados y Tarou Arakawa a ka batería y percusión.

Lo suyo es un rock ultra-ácido casi sin precedentes en cuanto a intensidad, hasta un punto que si te coge desprevenido puede sacarte de las casillas de mala manera e incluso provocarte lo podríamos llamar una reacción nerviosa. Pero que no se saque una conclusión errónea de mis palabras, merece la pena adaptar el oido a este artefacto, pues tras varias arduas escuchas comenzamos a obtener el premio. Tras ese primer encontronazo de lo que en un principio no podemos sino definir como ruido y pura reverberación, comienza a surgir una sutileza que al parecer había que re-ordenar especialmente en el cerebro para poder apreciar, tal y como si la mente necesitara nuevas coordenadas desde la que poder interpretar este sonido absolutamente elienígena. Como es posible comprobar en los últimos directos registrados por los Marble Sheep, estos son una auténtica locura y en este nuevo disco han sabido captar ese ambiente, ese forzamiento de un orden tras el aparente desorden. Imaginen una mezcla de Bevis Frond, el “White Light” de la Velvet, cierto toque de los Stooges más pasados (L.A. Blues), y algo en las melodías vocales que me recuerdan a los Who, todo sonando tod a la vez, y tendrán algún fragmento de este disco.

Destaquemos algunos temas: Se abre el disco con una breve introducción ( muchas guitarras sonando a la vez) que ya nos avisa de que la cosa y que deja paso a “Count Five”, un trallazo de puro y duro punk rock pasado por el filtro de lo psicodélico, bastante brutal, donde las guitarras entran y salen arrasando con todo en su camino. Que no se espere piedad de estos japonenes locos. “The Last Race” es un tema que se inicia algo más calmado, pero que pronto es otro maremagnum de guitarras y teclados alucinados. “Children of the Dawn” es un tema más normal, incluso con sus guitarras acústicas, aunque si dejar de ser muy muy intenso. “Who Should be Trusted?”, con un riff de guitarra inical que va deconstruyéndose durante más de 9 minutos transformándose en un increible tapiz sonoro. En suma, un disco difícil y extremo que encantará a algunos y producirá urticarias a otros. Por nuestra parte hubiéramos preferido un sonido algo más comprimido y definido, que si bien se fuera por las nubes de vez en cuando mantuviera un poco más la formas. Aun así admito que he disfrutado este disco como un enano.


Reseña de Wilfred

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