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John the Revelator “Wild blues” (1972) |
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El disco lo abre el tema que da nombre al grupo, un canto espiritual negro y que ya versionara Son House en sus tiempos o Gov’t Mule en su primer disco, y que sirve de introducción a “I Can’t Stop Loving You”. Primer trallazo en forma blues rock directo donde el slide hace acto de presencia por primera vez y que da paso a “Worried Dreams”, un slow blues que desprende feeling por los cuatro costados y que demuestra que en la tierra de los tulipanes se vive y se siente el blues como en Chicago o Mississippi, y es que escuchando “Charlies Drive In”, un tema instrumental con un piano pantanoso como pocos, cuesta creer que estos fumetas setenteros no nacieran en el debastado y malogrado New Orleans. Sin tiempo casi ni para respirar nos atacan con un “I Can’t Hold Out” de Elmore James, dándole su toque personal y acabando con un subidón que pone los pelos de punta. “Personal Manager” es otro blues lento cargado de buenas guitarras y con un piano que, aunque siempre en segundo plano, dota a las canciones de un toque personal. “Wild Blues”, que da título al disco y que dura escasamente minuto y medio, es un slide blues en el que se encargan de dejar claro que dominan la técnica, algo que ya sabíamos a estas alturas del disco y algo de lo que, bajo mi punto de vista, podrían haver prescindido. Aún así el corte es efectivo y da paso a “Bleeding Herat”, un tema que sigue la misma onda de temas anteriores y que pone en evidencia, una vez más, el amor que le procesan a Hound Dog Taylor, Elmore James y, porque no, a Jeremy Spencer. “No Woman” un blues acústico, arrastrado, con harmónica, de perdedores, es uno de esos temas que bien hecho, como es el caso, pone la piel de gallina en cada escucha te guste o no la música, sirve, junto a “Homework” para cerrar el disco de manera magistral y con la sensación del que hace bien su trabajo. Lo grande de todo esto es que con la reedición del sello Pseudonym Records tenemos seis temas extras entre actuaciones en vivo, demos y canciones no incluidas. Las tres primeras, “Yeah”, “Rocking Squirrel” y “One Track Mind” siguen la tónica general del disco siendo esta última un temazo de la vida, otro blues lento interpretado de forma magistral y con un gran trabajo, nuevamente, de su guitarrista. El siguiente regalo es otra versión del “I Can’t Stop Loving” esta vez en directo, y para acabar unas tomas del “Little Red Rooster” del grandioso Howlin’ Wolf y otra toma alternativa del “Worried Dreams” que no puede dejar a nadie indiferente, y es que cuando estos holandeses se ponen a tocar blues como Dios manda parece que nada más les importe. Puntuación: 8 |
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Reseña de Pidro |
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