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Este
grupo de Clevelan, EE.UU., tuvo un mínimo éxito en
su zona y nula en el resto del pais, por lo que, a excepción
de los coleccionistas de joyas en vinilo, ha permanecido en el
olvido para la mayoría del público. Ahora
discográficas como Akarma o Progressive Line recuperan
sus discos y los hacen más accesibles para un amplio
público que gusta del mejor rock de los 60/70. Desde
luego sorprende la pobre acogida que este grupo tuvo en su
momento, se trata de uno de esas formaciones de una calidad
indiscutible. Excelentes cada uno en lo suyo, Damnation es el
producto de una conjunción de grandes talentos: Bob
Kalamsz a la guitarra solista y en los coros; Ray Bench al bajo;
Bill Schwark tocando la batería, Jim Quinn, guitarra
rítmica, percusión y coros, Adam Blessing a la voz
solista. Tal y como deja bien claro el título del disco,
éste que comentamos aquí fue el segundo de cuatro
buenos discos, y para el que escribe éste es sin duda el
mejor, donde el grupo refleja más compenetración y
consigue un sonido más personal. Así, de este
“Second” puede decirse, sin margen de error, que es
una obra maestra del hard rock más contundente, pero
sembrado de tantos matices que hacen dificil el encasillarlo. Se
detecta una orientación hacia el sonido ácido de
california -más claro aun en el primer disco-, algo de
psicodelia, pero también del blues o el godspel. Y al
igual que otras bandas de rock fuerte del momento, como Banchee
o Tamam shud, los Damnation tampoco dejan de cuidar las
melodías, sobretodo gracias a la labor de Adam Blessing,
para mi uno de los mejores cantantes de esta época. El
cuidado de las armonías vocales y los coros es patente,
consiguiendo un sonido realmente lírico que sin embargo
no deja de ser puro y duro rock con “bemoles”.
El disco se
abre con “No way”, con un toque de batería
seco y la voz de Blessing entrando con carácter,
dominando desde un principio la canción. La linea de bajo
-magnífica- sujeta todo el ritmo para terminar dando paso
a las guitarras. Realmente un comienzo alucinante, cuando te das
cuenta estás dentro de un riff inmenso y toda la banda
dejándote con la boca abierta. Este primer corte ya te
avisa por donde van los tiros y cuando empiezas a recuperarte
entra “Death of a virgin”, un tema solo un poco más
suave, con unas voces estupendas y nuevamente un riff hipnótico.
“Driver”, tercer tema y versionado recientemente por
On trial -muy decentemente-, es otro tema duro, con un ritmo
machacón y persistente atravesado por lo solos de
Kalamsz, ¡vaya guitarra!, y otra vez Blessing dejándose
las cuerdas vocales a base de pasión y fuerza.
Aunque son
mayoritarios, no todos son temas tan contundentes. Ahi esta
“Everoyone”, más sosegado, pero que no por
eso deja de ser pletórico. También hay un
estupendo blues, “New york city woman”, de carácter
bastante clásico y gran feeling.
Sabiendo el
poco eco que tuvo no podemos sino dejar de extrañarnos,
muchas otras bandas infinitamente inferiores tuvieron más
renombre y Damnation se hubieran merecido mejor fortuna. En fin,
y para no darle más vueltas: este disco es una de las
cumbres del rock duro y ácido, recomendable sin ningún
tipo de reservas.
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