Colosseum “Daughter of Time”

Bronze Records 1970


Solo podían llamarse Colosseum, nombre que reflejaba a la perfección la enorme grandeza de este grupo. Y es que, sin exagerar, por sus filas pasaron muchos de los mejores músicos de rock de todos los tiempos, era lógico que todos sus discos fueran auténticas obras maestras. Pero quiero centrarme aquí en Daughter of Time, tercer trabajo de Colosseum y que supuso una nueva etapa en cuanto a estilo musical (además del hecho de haber fichado por nueva discográfica). Esta transformación tiene su causa en los cambios de personal que sufrieron tras el Valentyne Suite (1969), ya que James Litherland (guitarra y voz) había dejado la banda para formar Mogul Thrash, y también abandonó el barco el bajista Tony Reeves. La contribución de ambos era clave, así que era inevitable que los substitutos aportaran un aire muy diferente al grupo, aunque sin abandonar la linea de un rock progresivo fuertemente impregnado de jazz, blues y algunos elementos clásicos. Estos nuevos músicos eran Dave Clempson, guitarrista proveniente del trio de hard blues Bakerloo, el bajista Mark Clarke (después en Uriah Heep) y sobretodo el veterano cantante Chris Farlowe, proveniente de una larga carrera en diferentes bandas de r&blues. Se mantenían en la formación Dave Greenslade a los teclados, Dick Heckstall-Smith a los vientos y el capitan de todo el navío: John Hiseman a la batería.

Este es, para mi, el mejor disco de Colosseum, contiene tal cantidad de ingenio, pasión y sentimiento que faltan las palabras para describir su música. Es mucho más potente que los anteriores y sin embargo también más delicado en algunos momentos realmente sublimes, y sobretodo transmite con más intensidad esa atmósfera épica e inabarcable que caracterizaría el sonido de Colosseum.

Se abre el disco con “Three score and ten, Amen”, corte que se inicia con unos coros y los diestros toques de Hiseman, un batería de primer orden; pronto entra una fuerte linea de bajo y la voz de Farlowe a través de un ritmo muy rápido. El saxo de Heckstall-Smith suena por el fondo sin tomar todavía demasiado protagonismo. En el centro escuchamos la primera muestra de maestría de Clempson a las seis cuerdas. El conjunto es una pieza contundente, pero que contiene una parte suave con un pequeño recital poético de Heckstall-Smith (que puede recordar a los del escritor Mike Moorcock en Hawkwind) y que termina nuevamente de forma muy intensa. Brutal forma de empezar un disco

El segundo corte no baja de nivel en absoluto. “Time Lament” se abre con una pequeña y preciosa sección de vientos y cuerdas, pero pronto se inicia el tema propiamente dicho con un aire melancólico gracias a la portentosa voz de Farlowe acompañada de toda la banda a una sola vez pero conteniendo su fuerza, aunque solo hasta la mitad del tema, pues a partir de ese punto rompe el saxo con mucha intensidad y el resto de la banda se desata yendo a por todas.

Take me back to Doomesday” también se abre con una breve introducción, esta vez del piano de Greenslade, que continúa tocándolo en el resto de un tema que es mucho más acelerado que los anteriores, con un aire muy épico (la letra trata sobre los Caballeros del Rey Artutro) y más intervención de guitarra, además de unos mágnificos toques de flauta que le dan un aire a lo Blodwyn Pig.

The Daughter of Time” es una pieza monumental, empezando con la sección que la abre con una melodía exquisita. Después Farlowe empieza a cantar y la intensidad sube mil grados. La batería suena poderosa, preparando el terreno para que la guitarra haga una tremenda entrada tomando el control y convirtiendo la canción en una excelente muestra del mejor hard progresivo.

Theme for an Imaginary Western” es una gran versión de un tema que Jack Bruce interpretara estando ya fuera de Cream, aunque fue escrita antes de la separación, pieza que también recrearían los Mountain (no hay que olvidar que Felix Papalarddi, productor de Cream, estaba en ese grupo). Esta versión es realmente buena, especialmente por la proverbial interpretación de Farlowe.

Bring out your dead” es un instrumental made in Colosseum. En la práctica es un intenso diálogo entre el virtuoso Hammond de Greenslade (y sus inconfundibles toques de vibráfono) y la guitarra tan agresiva como delicada de Clempson, todo ello envuelto en la fuerte base rítmica de Clarke y Hiseman. De lo mejor del disco.

Downhill and shadows” es quizás el tema que más me gusta, un bestial blues progresivo y de desarrollo tortuoso que Colosseum se marca como si tal cosa. El grupo, sin abandonar en ningún momento la estructura clásica del blues, va desplegando su talento en desarrollos instrumentísticos que quitan la respiración, especialmente por el pedazo de solo que Clempson toca a lo largo de todo el corto, un solo de inicio pausado y que poco a poco va cogiendo velocidad hasta llegar al paroxismo.

Termina el disco con “The Time Machine”, el largo solo de batería que no podía faltar, muy en la línea de lotros grandes percusionistas de la época.

En definitiva, un disco imprescindible para todos los amantes del rock progresivo y del buen rock en general.


Reseña de Wilfred


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