Chariot

National General (1968) / Radioactive Records (2002)


Por todos es sabido que la esencia que desprende un buen power trio no es equiparable a casi nada en este mundo. Ahí están Cream, Budgie, Grand Funk Railroad, la Jimi Hendrix Experience, Groundhogs y muchos, muchos otros que por suerte para los que amamos la música fueron saliendo a escena a partir de los 60. Pero como siempre pasa en esto de la música, mientras unos se hacen ricos y famosos, otros acaban disolviéndose como la espuma y además, en muchos casos, inmerecidamente. Chariot sería un ejemplo.

Escuchando el homónimo de esta gente no logro entender como es posible que un grupo con tanta clase no obtubiera un mayor reconocimiento. Está claro que la presencia de un grupo como Cream, con dos discazos en el mercado y un tercero (Wheels of Fire) apunto de ser editado acaparó casi toda la atención de los amantes del blues rock de calidad, pero sólo hacía falta escuchar “Yolanda Jones” para darse cuenta de la clase que calzaba esta gente. Un tema puramente roquero y muy bluesy que abría el disco por la puerta grande y al que seguía un gran “You Let Me Love You”. Seguidamente “Gamblin’ Man”, uno de los platos fuertes del disco, nos hacía mover los pies a base de bien en lo que vinía siendo una demostración de auténtico blues rock psicodélico y la prueba definitiva de que esta gente perdió un tren que jamás se les debió escapar. “The War Is Over” era una canción acústica interpretada a las mil maravillas y que servía para cerrar la primera cara del disco. “Home Wreckin’ Mama” un blues rock de altos vuelos y que me recuerda mucho al sonido de Taste, corto pero intenso y donde todos los miembros tienen su momento, se encargaba de abrir fuego de nuevo. “Hey People” le seguía el juego en un tema más roquero. “Variety Woman” nos demostraba de nuevo que tenían clase para dar y regalar y “Got To Be a Lover”, un hard blues oscuro daba paso al último tema del disco, “Poor Man Blues”. Casi 7 minutos de puro blues rock progresivo que servía para cerrar un debut que, aunque nunca pasará a la historia de la música, forma parte de mi historia personal.

Reseña de Pidro

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