Continuación...

Los años ochenta, en Japón, comienzan como en occidente, como una continuación de los últimos años de la década anterior: con el punk. El punk es un estilo musical que tiene mucho éxito entre los jóvenes de finales de los años setenta, y es lógico, pues el rock progresivo y sinfónico parece que han hecho de la música algo que va contra su propia naturaleza, pues parece que la han convertido en ‘música culta’. Si antes comentábamos que el rock tiene tanto éxito entre los jóvenes de los sesenta porque es música hecha por ellos y para ellos, es accesible a todo el mundo, sin embargo el rock progresivo (y más aún el sinfónico) se aleja de esta idea. Ya no parece bastar con tocar la guitarra, el bajo y la batería para formar un grupo, sino que ahora para hacer rock parece que hay que saber música. Esto es algo que aleja a los jóvenes del rock, hasta que en 1976 o 1977, un buen número de bandas americanas y británicas se levantan contra esta idea… con el punk, el rock vuelve a ser algo de los jóvenes. Además, el punk ‘esconde’ tras de sí toda una filosofía de vida (amargura, desmotivación, la filosofía del ‘que más da’…) y toda una ideología política (anarquismo) que hace del punk algo realmente atractivo para los jóvenes del post-Vietnam.

Si en occidente bandas como los colosales King Crimson, Pink Floyd y Zappa, o Emerson, Lake & Palmer y Yes, son los que se están haciendo con un lugar relevante en el mercado, en Japón, la cosa es similar. Las bandas que tienen más peso dentro del rock nipón son bandas realmente complejas, rock progresivo, pero también avant-rock, experimental y, algunos incluso vinculados al sinfonismo (principalmente de música contemporánea, Bartok o Stravinski) o al jazz (más concretamente al free jazz). El punk en Japón tendrá un éxito enorme, de forma que la gran mayoría de las bandas nacidas en los últimos años de los setenta y el primer lustro de los ochenta, serían bandas de punk. Tal es la influencia que incluso el punk influirá a algunas bandas relevantes de la psicodelia aparecidas algunos años después…

Sin embargo, como occidente, tendrá un resurgir psicodélico en la segunda mitad de la década de los ochenta, paralelo al que se da en occidente con bandas como The Bevis Frond o Sun Dial, pero que, en realidad, estarán en las antípodas de las mencionadas bandas. Y digo en las antípodas porque realmente no hay nada que una a las bandas más notables de este periodo en occidente con las que van a hacerse con un nombre en Japón. Es claro que Japón es un país con una tradición psicodélica comparable a cualquier país europeo o americano, pero lo más interesante es que desde 1985, más o menos, Japón será una de las bases de psicodelia más importantes del mundo, y quizás, si me apuran, el país más en forma en cuanto a rock psicodélico se refiere.

Japón en los ochenta, al margen de los grupos de rock más clásico o de punk, va a tener dos corrientes claramente diferenciadas: por un lado el progresivo (que tendría elementos que lo harían un fenómeno típicamente nipón) y la psicodelia.

Como hemos dicho antes Japón es un país con una tradición de rock progresivo comparable a cualquier otro país, y esto es lo que sorprende, pues Japón parece un país más interesado en promover conciertos y discos raros de bandas occidentales que de favorecer su propio rock. La consecuencia de esto es clara: la mayor parte de los grupos se convierten en bandas de culto, desconocidas la mayoría de las veces por los propios japoneses.

La banda que se considera la pionera del progresivo japonés en los años ochenta, y que abrirá el camino a nuevas formaciones, será Deja Vu, liderada por el teclista Motoi Sakuraba, y que heredará el sonido de bandas como Stomu Yama’sta East Wind, y cuyos trabajos estarán enmarcados en la senda del más complejo jazz rock, hacia 1985, pero también Vermilion Sands o Ars Nova, esta última, liderada por otro teclista, Keiko Kumagai, lleva a cabo un sinfonismo que lo hermana con los Yes más wakemanianos, o con Emerson, Lake & Palmer.

Más interesante, sin duda, para el tema que tratamos será la nueva corriente psicodélica nacida a mediados de la década de los ochenta que, como decíamos, sería una incuestionable cantera de talentos y de alguno de los mejores discos de esos años y de la década siguiente. Eminentemente underground, la escena psicodélica japonesa tiene un aire común con otras escenas anteriores, es decir, se asemeja en algunos factores a la psicodelia sudamericana, al menos en las condiciones en la que los grupos deben grabar y editar material, que necesita una firma (o varias) solidarias con la corriente, pero sobretodo con el grado de experimentación del krautrock, lo que hace de la psicodelia japonesa que, de nuevo, como a finales de la década de los setenta, los jóvenes no les presten la atención debida. La juventud japonesa, desde mediados de la década de los ochenta prestará más atención más atención a las bandas de rock más comercial, basadas en modelos occidentales, y posteriormente a las potentes formaciones de punk rock que ocuparían el mercado japonés hacia mediados de los noventa. Lo curioso del caso es que cuanto más interés de desmarcarse de los valores musicales occidentales tienen las bandas japonesas, más interés tendrán para el oyente europeo y americano.

Con todo, parece injusto meter a todas las bandas psicodélicas japonesas en un mismo saco, no por la diversidad en la calidad de las formaciones, sino más bien por el enorme abanico de posibilidades y distinciones que estas bandas tienen, pues, en realidad, hay más cosas que las separan a las que las unen. Incluso es algo que no sucedía con tanta claridad en los años 60/70 que, si bien había importantes distinciones entre las bandas, parecía que se podían englobar según su grado de radicalidad y/o experimentación. En la neopsicodelia japonesa esto es más complicado (por no decir imposible). Con todo, aunque la experimentación está presente en estas nuevas bandas, la forma de entenderlas es diferente, aunque sí que heredan de las bandas japonesas de los 60/70 algunas de las cosas que hicieron únicas a aquellas bandas: radicalidad musical, anti-droga y experimentación improvisatoria. Si aquellas bandas eran radicales en todas las facetas (política y musicalmente, así como en la puesta en escena), algunas de estas nuevas bandas serán ‘radicales’ musicalmente hablado, pues harán de la saturación sonora una de sus constantes, además de dar un protagonismo casi absoluto a las distorsiones de la guitarra, y las bases rítmicas muy cargadas. Por otro lado, estas bandas heredarán esa obsesión extraña por ir contra el consumo de drogas, y digo ‘extraña’ porque al fin y al cabo estamos hablando de rock psicodélico. Finalmente, la improvisación será un factor determinante que, si en bandas anteriores se basaba por un lado en los sonidos de la Costa Oeste y, por otro, en el free jazz, en las nuevas bandas no será tan clara esa influencia, pero si estará latente… incluso cuando las bandas se acercan al noise rock. Además, facilitará la extensa cantidad de discos que graban las bandas, con su nombre o con proyectos paralelos.

Pero hay más factores característicos. Por ejemplo, el hecho de que es una escena en la que es frecuente ver colaboraciones de músicos en discos de otros grupos diferentes al suyo, incluso, se graban diferentes álbumes con diferentes nombres de grupo por la misma, o prácticamente la misma, gente, algo similar a lo que ocurría en la escena jazz de los años cincuenta y sesenta, donde un grupo se metía en el estudio grababa dos docenas de temas y salían a la venta unos temas con el nombre del saxo, otros seis con el nombre del pianista, y otro tanto con el bajista y el batería. Otro factor puede ser el hecho de que, contrariamente a algunos grupos de los 60/70, las bandas neo-psicodélicas son conscientes y están orgullosas de las influencias occidentales que desprenden.

El rock neo-psicodélico japonés tiene un pilar fundamental, P.S.F. Records, la discográfica que hizo que esta escena se desarrollase… Fundada en Tokio por Hideo Ikeezumi, que tenía una tienda de discos en Tokio llamada Modern Music. La aparición de la discográfica se debe, principalmente, al interés de Ikeezumi por la psicodelia, y la funda para editar material que, en principio, iba a estar emparejado a la tienda. Resultaba que a esa tienda iban a comprar discos los músicos más inquietos de Japón, con los que Ikeezumi compartía una visión de la psicodelia como la de las grandes bandas niponas de los años setenta: noise rock, free jazz, krautrock. El otro pilar sobre el que se asienta la escena sería la sala de conciertos Minor, un garito pequeño pero que fue la cuna de muchas de las grandes bandas de Japón (algo así como el Marquee fue en Inglaterra unas décadas antes).

Uno de los músicos que pasaban por la tienda resultaba ser Ashaito Nanjo, prodigioso bajista y líder de una banda que grabaría el primer disco editado por P.S.F., High Rise.


Primer disco de High Rise 1984


High Rise sería la primera gran banda de los ochenta. Formados por el propio Ashaito Nanjo al bajo y Munehito Narita a la guitarra, un buen número de bateristas han pasado por el grupo. La verdad es que es difícil describir el sonido de la banda, Blue Cheer y MC5 son influencias claras, pero también Hendrix, las bandas de hard psych de los setenta, como Dark o Wicked Lady, o las bandas psicodélicas japonesas de los setenta, con los Rallizes o Taj Mahal Travelers a la cabeza. En ‘Psychedelic Speed Freaks’ (1984, primera grabación de PSF) el power trio deja claras las características de su sonido, algo que se aprecia ya desde el nombre del disco, puro hard psicodélico, algo desquiciado, pero que prepararía para su segundo disco, quizás la cumbre de su carrera. Titulado sencillamente ‘II’ (1986, PSF), en este disco High Rise realiza una de las piezas claves de la psicodelia actual, donde la intensidad y la velocidad no parecen poder ser superados, a la altura de lo que también hacían por la misma época Sun Dial o Bevis Frond, aunque mucho más salvaje. Una banda que se merece un artículo para ella sola. Nanjo, por su parte, será uno de los músicos más prolíficos de la escena japonesa, y tras el ‘II’ de High Rise decide dejar esta banda de lado para iniciar otros proyectos. No retomaría las riendas de High Rise hasta 1992, cuando graba ‘Dispersion’ (1992, PSF), un disco que suena a bomba nuclear con un perfecto mecanismo de relojería (dirigido por una tremenda guitarra wah-wah), y es que la banda suena realmente compenetrada, y la intensidad que les hizo famosos años antes no ha perdido nada, todo lo contrario, quizás suenen más potentes incluso. ‘Dispersion’ sería la preparación para una de las cumbres no sólo de la banda, sino de la psicodelia japonesa, el enorme ‘Live’ (1994, PSF), uno de los mejores directos de las últimas décadas, donde Nanjo y compañía demuestran que no pierden fiereza sobre las tablas, dando a luz a un álbum imprescindible. High Rise aun sacarían más discos, ‘Disallow’ (1996, PSF), notable pero que peca de una producción excesivamente cuidada, ‘Desperado’ (PSF) y el directo ‘Durophet’ (Fractal), ambos de 1998 y que no llegan a la grandeza de sus anteriores obras (aunque cuántas bandas firmarían tener un disco como estos en su discografía…), o ‘Psychobomb’ (2001, PSF), un directo de acertado título que recoge temas de su gira estadounidense. Posiblemente, la gran banda de la neo-psicodelia nipona.

Toho Sara, uno de los proyectos de Nanjo, se trata de folk psych influenciado por sonidos y armonías chinas, para lo que recurre a intrumentos tradicionales, chinos y japoneses. Más interesantes, si cabe, serían otros proyectos al margen de High Rise, de los cuales uno contaría con Kawabata Makoto (futuro líder de Acid Mothers Temple) a la guitarra: Musica Transonic.

Musica Transonic, formados por Makoto, Nanjo y el batería Tatsusha Yoshida (The Ruins), parecen querer llevar la intensidad y el ‘noise rock’ de High Rise a sus últimas consecuencias, de tal forma que ‘Introduing To…’ (1995) es una frenética joya, capaz de hacer volar la cabeza a cualquier seguidor del rock de sonidos amplificados hasta el infinito y las distorsiones de la guitarra de un Makoto que nunca sonaría tan agresivo, auténtico taladrador de cabezas. Con todo, parece injusto considerarlos como una mera rama de High Rise porque, si bien es cierto que toma la esencia de esta banda, también es cierto que es mucho más arriesgada y radical en sus planteamientos que High Rise. Editaron un disco, ‘Orthodox Jazz’ (1997) que era una auténtica locura para los oídos, estridente y complejo, parece que mentira que la hiciera un trío, aunque tienen discos más accesibles, como ‘Second CD’ (1997), el sensacional ‘Alkimya Uptight’ (1999) o ‘Incubation’ (1998) en el que se une al trío el fastuoso, e indispensable guitarrista, Keiji Haino (de los míticos Lost Aaraaff). O los colosales Mainliner, la versión más hard rock de Musica Transonic. Mainliner tiene la misma formación que Musica Transonic, aunque hay cambios en el estilo del grupo: quizás Musica Transonic está más vinculado la noise rock que Mainliner, siendo este algo más cercano a los Hawkwind más potentes. Aun así, Mainliner es uno de los grupos más potentes de la nueva generación de bandas niponas, como deja claro el magnífico álbum ‘Mellow Out’ (1995), duro y salvaje, que es una obra de arte.

Haino, amigo de juventud de Mizutani Takashi (de los Rallizes Denudes), había fundado, hacia 1978, la banda Fushitsusha, enigmático y abrasivo power trio, realmente complejos por su uso del ‘noise rock’ y silencios, que se manifiestan el largas improvisaciones (habitualmente en directo) donde se aprecia la grandeza de Haino, uno de los guitarristas más frenéticos y desquiciados de la historia del rock, y la de sus acompañantes, Yasushi Ozawa (bajo); Ikuro Takahashi (batería). Lo más recomendable es hacerse con algún directo de la banda, como ‘Fushitsusha’ (1990, PSF), pero sobre todo, ‘Double Live’ (1989, PSF), impresionante muestra de lo que el trío es capaz.

La verdad es que hay tres individuos esenciales en la escena psicodélica japonesa, de la que parece que se puede derivar dicha escena entera, o si no, al menos la parte, posiblemente más interesante. Además de Nanjo, estarían los guitarristas Kawabata Makoto y Michio Kurihara.

Michio Kurihara es otro hiperactivo músico de Tokio, que participó en diversas bandas hasta que a mediados de los ochenta conoce a You Ishihara y juntos fundan White Heaven, la que quizás es mi favorita de la escena. Kurihara comparte sus labores en White Heaven con otra banda, los ácidos Ya-Za-Ma que se basan en un sonido de puro Costa Oeste californiana, y con los que grabaría cuatro buenos discos. Pero WH son más interesantes. Descritos como una mezcla entre el rock ácido californiano ‘a lo Quicksilver’, y el punk neoyorkino de Television, lo cierto es que es mucho más (the Doors, Blue Cheer, Iron Butterfly…). Hereda la forma de entender las guitarras del sonido de la Costa Oeste, y aunque QMS es una referencia clara, se me antojan más en la línea de los galeses Man, aunque también la forma de guitarras de Television, y además, la voz de Ishihara es similar a la de Verlaine. Su primer disco, ‘Out’ (1989, aunque editado por PSF en 1991), es una acontecimiento, pues muestra a una banda en estado de gracia con unas composiciones majestuosas, que a veces se puede llegar a definir como ‘hard punk psicodélico’, con tremendas bases rítmicas y unas guitarras que se cruzan y juegan a la manera del ‘Happy Trails’ décadas antes. Formados por las guitarras de Ishihara (también voz) y Kurihara (solista), el bajo de Naohiro Yoshimoto y la batería de Ken Ishihara, aunque grabaría más discos, ‘Out’ quedaría como la cima de su carrera para la crítica musical, algo sólo explicable por el poco caso que se ha hecho a su obra posterior, pues es de categoría similar. Y es que el single ‘Threshold Of The Pain’ (1994, PSF) y el EP ‘Next To Nothing’ (1994, Noon) enriquecen a la banda hasta límites insospechados, pues no son tan poderosos como ‘Out’, es cierto, pero los temas están muy trabajados, y constituyen alguno de los temas más bellos grabados en años, sobre todo en el EP ‘Next To Nothing’ donde la influencia de la Costa Oeste californiana es evidente, pero que la banda no se queda ahí, en imitación, sino que logran una obra de arte en menos de 25 minutos. Considerada una grandísima banda de directo, donde daban mucha importancia a los desarrollos instrumentales (especialmente la guitarra de Kurihara), hay un par de directos suyos editados, los geniales ‘Electric Cool Acid’ (grabado en 1987, aunque editado en 1995, Noon) y ‘Levitation (grabado en 1988, aunque editado en 1997, New Sound), dos ejemplos de la fuerza de la banda en directo, con un salvaje Kurihara en estado de gracia.


White Heaven “Next to Nothing” E.P.


En 1993, White Heaven graba ‘Strange Bedfellow’ (PSF), disco que no cuenta con Kurihara, que es sustituido por Souichirou Nakamura, ocasional guitarrista y teclista de la banda (aunque durante algún tiempo fue miembro estable), y que, a pesar de no tener la fuerza de Kurihara, su trabajo a las seis cuerdas es impecable. El disco está algo alejado de lo ofrecido en ‘Out’, pues se trata de un disco con sonido de la Costa Oeste con trabajadas guitarras.

La nueva encarnación de White Heaven se llama The Stars, que cuenta con Ishihara y Kurihara a las guitarras (el primero también a la voz), además de Chiyo Kamekawa al bajo y Yasunobu Arakawa a la batería (ex Favourite Marine), con la ocasional ayuda del multiinstrumentista Souichirou Nakamura, miembro ocasional ya de White Heaven. The Stara hereda la tradición de Costa Oeste y Punk neoyorquino escuela Television de WH, pero lo cierto es que suenan, si cabe, más compenetrados y maduros. Su EP ‘Today’ (2001) resultó ser una sorpresa para los amantes de la hard psicodelia, pero su primer LP, ‘Will’ (2004), suponía uno de los mejores discos de rock grabados en décadas, una obra de arte donde se combinan a la perfección temas de un salvajismo y fuerza alucinantes, con dramáticos temas introspectivos. Fundamentales.

Michio Kurihara compaginaría sus trabajos con White Heaven con otras bandas de similar y diferente pelaje.La más importante, seguramente sea la banda de folk psych Ghost, banda liderada por Masaki Batoh, que logra una fusión perfecta entre las músicas orientales y occidentales, para lo cual recurre a las influencias más diversas (todo cabe en el universo de Batoh) y a instrumentos tradicionales de diferentes culturas… el resultado es una de las bandas más interesantes aparecidas en los últimos años. Kurihara colabora en algún tema de sus primeros discos, cuyo debut ‘Ghost’ (1990, PSF) es uno de los pilares indiscutibles de la psicodelia japonesa de las últimas décadas, donde se ceden el paso unas hermosas melodías con unas etéreas atmósferas. A partir de 1994, Kurihara se hace miembro estable y guitarra principal del combo, con el que graba trabajos soberbios: ‘Temple Stone’ (1994, PSF), grabado en directo en diferentes templos, y que es un ejemplo de la reposada belleza de sus temas, el complejo doble LP ‘Lama Rabi Rabi’ (1998, Drag City), ‘Snuffbox Immanence’ (1999, Drag City) que supone una vuelta al folk de sus inicios, o el claramente politizado 'Tune In, Turn On, Free Tibet’, en defensa de la libertad del Tíbet, quizás su disco más oscuro hasta la fecha, aunque de una belleza deslumbrante. Su último trabajo ha sido el fascinante ‘Hypnotic Underworld’ (2004, P-Vine), más complejo en su estructura, cercano al folk progresivo, para nosotros supone un paso interesante para el futuro de la banda.

Otra de las bandas en las que tocó Kurihara sería la sensacional Cosmic Invention, puro hard rock psicodélico que dejó para la posteridad un solo álbum, ‘Help Your Satori Mind’ (1997, Now Sound), uno de los pilares de la neo-psicodelia nipona, en la que además de Kurihara, también estaban Masaki Batoh a la voz y guitarra, Futoshi Okano a la batería, Kounosuke Uzawa al bajo, Jun Kotoh a los teclados y Fuji a las percusiones. Uno de los mejores discos hard psicodélicos de los últimos años, con unas jams excepcionales, que les acercan a un punto intermedio entre la psicodelia de la Flower Travellin’ Band como al progresivo de Food Brain, aunque por momentos también recuerdan a los mejores Pink Floyd. Excelentes. Y también Yura Yura Teikoku y Overhang Party, de los cuales Kurihara no forma parte pero colabora de forma más o menos habitual. Ambos, además, cuentan con miembros que participaron en el proyecto de supergrupo de Cosmic Invention.


Yura Yura Teikoku en directo


Los primeros, Yura Yura Teikoku, son los más vanguardistas del lote, liderados por la guitarra del gran Sakamoto Shintaro, y cuyo estilo oscila entre la más ocura psicodelia (con Rallizes Denudes y la Velvet Underground como grandes influencias) y el pop más pegadizo y comercial (influido por las bandas de garage-pop de los sesenta). ‘Shibire’ y ‘Memai’ (2003) son dos buenos ejemplos en estudio, aunque sus discos más interesantes a nuestro parecer serían el genial Taiyou No Shiroikona’ (1999) y el directo ‘NA.MA.SHI.BI.RE.NA.MA.ME.MA.I’ (2003), ambos con Michio Kurihara a la guitarra. Y los segundos, Overhang Party, buscan un sonido psicodélico en la línea de White Heaven, aunque a veces se acercan más al punk que la banda de Kurihara e Ishihara, como lo muestran ‘Overhang Party’ (1993, auto-editado), ‘2’ (1994, Pataphysique), ‘4’ (1998, Pataphysique), pero sobretodo su directo ‘Live At Show Boat 8-22 1994’ (1995, Pataphysique).

Pero es que, además, Kurihara también colaboró a finales de los ochenta, cuando White Heaven remontaba el vuelo, con Marble Sheep, extraña banda liderada por Ken Matsutani (primer guitarrista de White Heaven, antes de grabar su debut) que, aunque nació en 1987 como la versión nipona de los Grateful Dead, los cierto es que con el tiempo radicalizó su propuesta para acercarse al más potente krautrock (lo que le valió para la prensa europea el sobrenombre de ‘los Amon Düül II nipones’). Sus primeros discos son muy interesantes: ‘Marble Sheep & The Run-Down Sun's Children’ (1990, Alchamy), ‘Big Deal’ (1992, Captain Trip), o ‘Old From New Heads’ (1993, Captain Trip), aunque ninguno expresa tan bien la esencia de la banda como sus directos, con el brillante ‘Whirl Live’, doble álbum con largas jams donde se aprecia tanto la calidad instrumental de la formación como su difícil propuesta, que cuenta con no pocos partidarios europeos.

El tercero de los nombres propios sobre los que la neo-psicodelia japonesa se asienta, de forma más que evidente, es el guitarrista Kawabata Makoto, amigo de Ashaito Nanjo (en Musica Transonic tocaban juntos) y fundador de la que será una de las bandas más importantes en el rock japonés del cambio de siglo, Acid Mothers Temple. Realmente imposible se me hace describir, aunque sea escuetamente, la carrera y estilo de esta banda, nacidos de la cabeza de Kawabata Makoto, omnipresente en la escena neo-psicodélica japonesa, enamorado del krautrock y el rock progresivo y que con Acid Mothers Temple ha conseguido traspasar cualquier posible barrera de la psicodelia. En realidad nacen a mediados de los años noventa como una especie de comuna hippie cultural. Los proyectos de Acid Mothers Temple han sido varios, de los cuales, el primero ha sido el que más éxito ha tenido: Acid Mothers Temple & The Meeting Paraíso U.F.O.. Detrás de este nombre se esconde, en realidad, la banda de rock de la comuna, que han hecho álbumes realmente buenos: ‘Acid Mothers Temple & The Meeting Paraíso U.F.O.’ (1997, PSF), ‘Pataphysical Freak Out MU!!’ (1998, PSF) o ‘Wil Gals A Go-Go’ (1999, PSF), banda sonora para la película porno rusa de igual título. El krautrock y el progresivo se fusionan en estos discos dentro de un grado de vanguardia y experimentación indudable, de forma que entre las piezas, normalmente largas, pueden hallarse momentos de una belleza sonora incuestionable con momentos de estridencias salvajes, que te taladran el cerebro, o momentos de silencio o reposados de sintetizador. En sus discos sale a la luz, con la misma intensidad, la influencia de Hendrix, Blue Cheer o The Grateful Dead, como de las Mothers Of Invention de Zappa, Hawkwind o Gong, de manera que sus discos son de una complejidad extraordinaria, densos, con pasajes rudos y relajados (a veces en un mismo tema) lo que obliga al oyente a prestar una atención que hace de Acid Mothers Temple una banda difícil, si bien es cierto que luego se hacen adictivos. Mis favoritos, aparte del primero homónimo, son ‘Absolutely Freak Out (Zap Your Mind)’ y el colosal ‘In C’, dos de sus discos más completos y accesibles, ya que parece más complicado que un primerizo empiece por ‘La Novia’, por ejemplo, por su complicada audición. Una banda que puede dar muchas alegrías para oyentes sin prejuicios. Quizás lo mejor para acercarse a su obra sea ‘Acid Mother Family: Do Whatever You Want, Don’t Whatever You Don’t Want’, triple CD recopilatorio con los diversos proyectos de Makoto (e incluye una versión de 60 minutos de ‘Pink Lady Lemonade’, la joya del debut de Acid Mothers Temple & The Meeting Paraíso U.F.O.).


Acid Mothers Temple


Otros proyectos serían Acid Mothers Temple & The Cosmic Inferno, más vinculado al space rock y verdaderamente interesante: ‘Just Another Band From The Cosmic Inferno’ y ‘Anthem Of The Space’ son excelentes.

Con todo, y aunque Acid Mothers Temple son una banda magistral, me parecen más interesantes los proyectos de Makoto al margen de la banda madre. Entre ellos, Nishinihon es realmente colosal. Nishinihon es un power trio formado por Makoto y el bajista y el batería de Acid Mothers Temple entre 1999 y 2000, Tsuyama Atsushi e Ichiraku Yoshimitsu, en un proyecto de puro hard rock psicodélico, donde a la potente sección rítmica le sobrevuelan unas guitarras alucinantes de Makoto. Su álbum ‘Nishinihon’, del 2000, es una joya del rock más lisérgico y salvaje.

Pero también Splendor Mystic Solis, proyecto de Makoto cuando estaban de gira con Mainliner por EE. UU. Así, se graba el directo ‘Heavy Acid Blowout Tensions Live’ (1999) con Nanjo esta vez a la guitarra, Shimura Koji, Sasaki Hisashi, Makoto y el americano Plastic Crimewave a la guitarra, para un disco de salvaje space rock en la onda de Hawkwind. En realidad, pueden ser considerados una ramificación de Mainliner.

Escena compleja y difícil, pero adictiva, que garantiza horas y horas de placer para los oídos, que engancha de tal forma que parece que obliga a caer en una espiral que te lleva a un mundo habitado de freaks japoneses, tan introvertidos en su genialidad que parece que sólo se dedican a crear música, de manera que el enorme catálogo de los últimos años de psicodelia japonesa parece ser sólo la punta de un iceberg abismal.

Desde los años sesenta, la psicodelia japonesa no ha hecho más que dar obras maestras… joyas que abren un universo casi ilimitado de clase y originalidad, porque como decíamos al comienzo de este artículo, nada suena, a pesar de las enormes diferencias entre sus bandas, como las bandas psicodélicas de Japón.

Esperemos que siga regalándonos obras de arte así por muchos años.


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