|
El órgano Hammond y su relación con el rock |
|
Los orígenes del órgano Hammond y sus primeros usos.
Hammond Clock era una compañía americana que fabricaba relojes y curiosos utensilios mecánicos, como es el caso de un barajador automático de cartas. La compañía era propiedad de Laurens Hammond (1895-1973) un ingeniero con gran capacidad inventiva que a la hora de retirarse llegó a contar con 110 patentes eléctricas en su haber. Había probado suerte en el terreno de la cinematografía, la gestión energértica, la industria del automóvil, etc. cuando en 1933, sin tener conocimientos ni especial interés en la música, ideó un tipo de órgano eléctrico muy similar al de tubos que tradicionalmente se usaba en iglesias, teatros y cines antes de que llegara el sonido. Éste, a diferencia del de tubos, era de más fácil instalación y mantenimiento. A pesar de algunos problemas, sobretodo debido a la crisis económica que EE.UU. atravesaba en ése momento, su comercialización supuso un gran éxito, hasta tal punto que la compañía cambia de nombre en 1937 a Hammond Instrument y más tarde, en 1953, a la definitiva marca de Hammond organ. El caso es que la idea inicial de ofrecer el órgano como sustitutos de los anticuados órganos de iglesia se vio desbordada, la oferta se extendió rápidamente a otros ámbitos como teatros, salas de fiestas, hoteles, etc, que comienzan a adquirirlo en masa. El uso por parte de la radio y los primeros cortos anuimados también contribuyó a su gran expansión. Pronto, sobretodo tras la segunda guerra mundial, fue adoptado masivamente como instrumento doméstico en una época en que era normal amenizar las fiestas hogareñas con música en vivo.
Para satisfacer la gran demanda de órganos se fabrican gran variedad de modelos, pensados para diferentes tipo de usuarios que variaban del experto al mero aficionado doméstico. Estaban las grandes consolas para uso profesional y las espinetas, pensadas para la iniciación musical, así como los pequeños órganos caseros. Serían sobre las consolas donde se fueran efectuando con el tiempo más innovaciones, como el vibrato y la percusión. De éstas, según su finalidad, había varias series, siendo la más popular y usada la B-3, construida desde el 55 hasta 1975, siendo el primer modelo con percusión. Según la complejidad y calidad de las prestaciones del órgano el tamaño de éste variaba considerablemente, así como el peso – podía llegar a pesar 200 kilos -, sobretodo debido al enrevesado mecanismo del generador de tonos y la amplia circuitería que había en su interior. Curiosamente, los órganos Hammond nunca fueron publicitados pensando en los músicos profesionales que por esa época empezaban a eclosionar en locales nocturnos y garitos de diferente índole donde se ofrecía jazz, blues, o rhythm’n’blues. Sin embargo este instrumento fue rápidamente adoptado a través de los años 40 por algunos músicos de jazz como Bill Davis, Milt Buckner o Bill Dogget, para después desembocar en un uso cada vez más maduro y personal, como es el caso de la destacada labor de Jimmy Smith, quizás el organista de jazz más famoso entre los clásicos y que sería de gran influencia en otros que llegarían después. Muchos de estos músicos, al incorporar al Hammond, aportaban a sus temas un aire más rhythm’n’blus, siendo de alguna manera como un puente entre esos diferentes sonidos y que precipitaría el uso masivo del Hammond en el soul y la música negra en general. Así, a finales de los 50 y principios de los sesenta, era impensable una banda de soul sin su correspondiente Hammond aportando fuerza y dinamismo. En el caso del blues clásico no hubo tanta aceptación por parte de los músicos y cuando si lo había no solía pasar de un mero complemento rítmico. Tendrían que pasar unos años más para ver como el instrumento ganaba presencia en este estilo, sobretodo por las grandes bandas de blues rock de finales de los 60.
El Hammond invade el rock.
El rock era en la primera mitad de los sesenta una ambigua mezcolanza, a veces indistinta, de etiquetas y estilos que incluía el garage, el mod, el beat y el rhythm’n’blues. Era una música adoptada por un público mayoritariamente blanco. Por supuesto esto era así en el caso de los Estados Unidos, donde los músicos negros tenían una tradición musical muy definida y que por lo general –salvo gloriosas excepciones- les llevó a interesarse poco por el rock posterior a los grandes pioneros de los 50. En el caso de Inglaterra, de una población de color mínima en esa época, no había tanta distinción y los jóvenes músicos absorbían las influencias por igual, sobretodo el blues y el rhythm’n’blues. Así pues, si bien en Estados Unidos los músicos de blues no usaban el órgano Hammond de una forma destacable, en Inglaterra muchos jóvenes no dudan en combinar todo cuanto desean, mezclando sin demasiados reparos el blues, el soul y el jazz usando para ello sin dudar el Hammond.
En Estados Unidos la escena rockera de mediados de los 60 se haya muy influida por lo que llega desde Inglaterra, en lo que se vino a denominar la British Invasion. Esto dio lugar a una amplia gama de grupos blancos fuertemente marcados por el blues, el rhythm’n’blues y el soul al estilo inglés. Es decir, muchos jóvenes americanos se reencontraron con la tradición musical de su propio país, pero de una forma indirecta. Así, una gran cantidad de grupos, unos más conocidos u otros de la incipiente y cada vez más extensa escena underground, optan por utilizar el Hammond emulando a grupos como The Animals. En el caso de los grupos garageros más modestos, se optaba por el Farfisa y el Vox continental, órganos mucho más baratos y sencillos, con un sonido chirriante tan característico. Esto hizo que a la larga se transmitiera a estos primigenios y oscuros grupos un sello inconfundible, de un sonido más sucio y ácido que se ha llegado a comparar con el punk. También infinidad de grupos folkies empiezan a hacer un rock muy marcado por el legado negro, pero ya pasado por el filtro inglés, la mezcla es espectacular, es el caso de Serpent of power, que hacen una mezcla de blues y folk con una fuerte presencia de órgano. Así, en la costa oeste, bajo este revival del blues y el rhythm’n’blues se intuye algo totalmente diferente. Los grupos que rulan por los locales dando a conocer su sonido demuestran que algo está surgiendo de la mezcla entre el garage más fuzz, el blues y el folk. En Los Angeles maduran formaciones como los Seeds, con una base de órgano muy importante, a medio camino entre el garage y otro sonido que se empieza a llamar psicodélico, fuertemente marcado por el consumo de sustancias psicotrópicas y que serviría de modelo para infinidad de formaciones. A uno y otro lado del Atlántico se suceden las referencias y versiones de grandes bluesmen negros como Willie Dixon o Hooker, pero adaptados a la nueva sensibilidad. En 1966 el rock llamado ácido ya está en plena expansión y los grupos no dudan en usar todo tipo de instrumentos, destacando entre ellos el órgano. Grupos como H.P. Lovecraft, Country Joe and the Fish y Grateful Dead echan mano del Hammond para dar profundidad a sus composiciones, incorporando los teclados sin prejuicio purista alguno a estructuras tradicionales, combinando el Hammond B-3 con el Leslie Speaker y su efecto oscilador, saturándolo de todas la maneras posible, con lo cual se enriquece enormemente las posibilidades de este instrumento. Las estructuras originales del blues se reinventan una y otra vez, se endurecen y electrifican al máximo. Nace así el blues rock blanco que tanta aceptación tuviera durante unos años a ambos lados del océano, con grandes grupos como Cream, Fleewood Mac y Groundhogs. En Estados Unidos, Allman Brothers band hacen un exquisito blues de regusto sureño. Gregory Allman demuestra admirablemente lo que se puede hacer con el Hammond en ese terreno. Temas como “Dreams”, de una sutileza increible, muestran las posibilidades de combinar la guitarra con el órgano. Al Kooper, que ya hubiera colaborado con su órgano en la electrificación de Bob Dylan, hace sus inolvidables sesiones con Mike Bloomfield y Steve Stills, ejemplo máximo de introducción del Hammond en las bases del blues, una de las cimas del género. Por su parte la rama más psicodélica o jazzística del rock inglés también hecha mano del órgano, grupos como Pink Floyd o Soft Machine lo usan de una forma cada vez más original, construyendo un sonido que cada vez tiene aparentemente menos que ver con el blues, el soul o cualquier otro estilo conocido. |
|
|
|
|
|
|
|
Todos estos estilos se expanden rápidamente al resto del globo en una transformación musical que es paralela a la política, social y cultural y que en ése mismo momento se están dando con gran intensidad. Empieza a surgir cada vez más un estilo que es amalgama de todo lo que se ha investigado hasta ahora: blues rock, hard, psicodelia, jazz, etc, a esta mezcolanza se la denominará en adelante rock progresivo. En un principio, en el periodo 1968-1970, no hay unas reglas fijas en cuanto que es esto del progresivo. De hecho podemos clasificar así a casi todas las formaciones de ése momento, ya hicieron psicodelia, blues, hard rock o lo que fuera. Reina una libertad absoluta en cuanto a instrumentos y estructuras musicales que hace de esta época algo único. El Hammond se usa con proliferación, especialmente por las bandas de rock más potente, quizás porque el instrumento aumenta la intensidad de la guitarra sensiblemente. Así, una gran cantidad de grupos de hard rock que van surgiendo desde 1968, con un estilo que en principio era una simple radicalización de las bases del blues, usan el órgano de una forma muy destacable. Teclistas como John Lord y Vicent Crane, de Deep Purple y Atomic Rooster respectivamente, demuestran que el instrumento tiene muchas posibilidades como instrumento solista, dando lugar a unos diálogos entre guitarra y Hammond que pronto crearían escuela. Muchos grupos, de muy diferentes tendencias, como The Doors, Uriah Heep, Colosseum, Caravan, Gandalf, Birth Control, Joseph, Steppenwolf, Blues Oyster cult, Iron Butterfly, SRC, Fever Tree, Santana, Amboy Dukes, etc, etc., hacen con este instrumento un uso de gran peso en sus composiciones. Tanto que hoy en día se nos haría impensable escuchar sus discos sin ése ingrediente esencial. Es algo más que un mero instrumento, es un sello de una época dorada del rock. Otros muchos grupos lo usan también, mucho menos, pero con resultados maravillosos. Jimi hendrix, no demasiado proclive a este instrumento, lo incorpora admirablemente en su “Voodo Chile”, gracias sobretodo al buen hacer de Steve Winwood. Ahí tenemos “Your time is gonna come” de Led Zeppelin, también es una buena muestra de ello, donde John Paul Jones demuestra que sabe tocar bien algo más que el bajo.
Decadencia
Epílogo
Desde la mitad de los 70 los sonidos digitales fueron sustituyendo a los analógicos y el rock, tal y como era entendido hasta ese momento -salvo algunas honrosas excepciones como Rory Gallagher y otros músicos que sobreviven a duras penas- pierde gran parte de su fuerza o simplemente desaparece bajo los efectos sintéticos de estudio y la pura comercialidad de plástico. El órgano Hammond, y otros teclados eléctricos, dejan paso a los sintetizadores y más adelante a los ordenadores. La música electrónica gana terreno frente a los sonidos eléctricos o naturales... pero esa es otra historia... Y en la actualidad, aunque quizás irregularmente, parece que hay un resurgir del rock con el espíritu propio de los primeros 70. Crucemos los dedos. El Hammond está volviendo a tener presencia con mucha fuerza, cada vez más. Grupos como Wicked Minds, Sex Museum, Soulbreaker Company, Storm and Sunrise y muchos más, usan este instrumento en gran medida, recuperando el espíritu de los pioneros... Los que amamos este sonido solo podemos sino alegrarnos.
Por Antonio Ramírez |
|
Se ha usado información de la siguiente bibliografía y webs: |
|
“El rock inglés” Alain Dister |
|
El mundo de la música pop Rolf-Ulrich Kaiser |
|
www.hammond-organ.com |