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O
el personal blues de Tony McPhee
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Por Jano Delgado
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(Infinitas gracias a Poti, a
Joanna Deacon y a Tony McPhee por su ayuda)
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Inglaterra. Segundo lustro de
los años sesenta. Los Beatles, el underground, el
progresivo y el blues. En un punto equidistante se encontraba
Tony McPhee, un músico inquieto que empezó su
andadura dentro del pop aunque pronto se decantó por el
blues, hasta convertir a su banda, The Groundhogs, en una de las
más originales bandas del rock británico de
comienzos de los setenta. Hoy es considerada una banda de culto,
y Mentes de Ácido siente especial devoción por
ella.
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Denso, oscuro, salvaje. Así
es el personal universo de Tony McPhee, siempre con un pie
dentro del blues más rudo y con otro dentro de un estilo
inclasificable, absolutamente personal, la ‘marca de la
casa McPhee’. Una banda con más de cuatro décadas
de carrera sin altibajos, madura, llena de sorpresas, que
comprende alguno de los discos de guitarra más
innovadores de su tiempo, y que, afortunadamente, y aunque con
cuentagotas, aun sigue dando guerra.
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Nos hemos puesto en contacto
con Tony McPhee, que amablemente a contestado a unas escasas
preguntas que queríamos formularle (thank you, Tony), y
así entender mejor la peculiar odisea de Las Marmotas.
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De entre toda la segunda
generación de bandas de blues aparecidas en Gran Bretaña
hacia 1968 (Ten Years After, Savoy Brown, Spooky Tooth,
Fleetwood Mac, Stone The Crows o, como no, Led Zeppelin), los
Groundhogs de Tony McPhee ocupan un lugar destacado, a pesar de
que McPhee puede, como veremos, ubicarse como músico de
la primera generación. Si la primera generación de
blues británico tenía los nombres que abrieron el
camino (Cyril Davies o Alexis Korner) y alguna de las bandas que
popularizaron el blues en Gran Bretaña (The Yardbirds,
los Bluesbreakers de Mayall, los primeros Rolling Stones o los
Animals), la segunda generación se diferenciaba de la
primera en una característica fundamental y, en cierta
forma, evidente: las bandas de 1968 o 1969 partían del
blues para crear algo diferente, mucho más arriesgado y
original. La razón es que entre una y otra generación
Cream y la Jimi Hendrix Experience fueron el modelo a seguir.
Tanto una como otra habían mostrado lo que se podía
hacer partiendo del blues.
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Todas las bandas importantes de
la segunda generación fueron lo suficientemente distantes
entre sí para que todas hayan tenido cierta influencia en
el rock posterior: Ten Years After unía el blues y el
jazz, y se basaba en el virtuosismo de su guitarrista Alvin Lee;
Savoy Brown era una banda liderada por otro guitarra, Kim
Simmonds; Spooky Tooth y Led Zeppelin lograron una imponente
mezcla de blues y hard rock; los Fleetwood Mac y Stone The Crows
se formaron con miembros procedentes de la banda de John Mayall,
y si los primeros eran clásicos y se basaban en el
feeling guitarrístico de Peter Green, el segundo era más
agresivo, con el toque soul de la tremenda voz de Maggie Bell y
la guitarra del malogrado Les Harvey. Por su parte, The
Groundhogs era una de las bandas de blues más
experimentadas de Inglaterra, ya que Tony McPhee, su líder,
llevaba dentro de los circuitos de blues desde la primera mitad
de los sesenta (el propio Clapton ha citado alguna vez a McPhee
como uno de los guitarristas que más le influyeron en sus
primeros años), y siempre intentó ir mas allá
con su guitarra, a base de sonidos eclécticos,
experimentando con diversos efectos, y ese toque guitarrístico
peculiar que le daba al tocar sus dedos en lugar de con púa,
como lo hacían los grandes bluesmen de las décadas
pasadas.
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Aunque sus comienzos pueden
encuadrarse dentro del pop, como casi todos los grupos nacidos
hacia 1963 (bajo el nombre de The Dollarbills, aunque también
estuvo en el grupo Truth, que hacía versiones de los
Beatles y los Kinks, y en The Boz People, junto a Boz Burell,
futuro miembro de los imprescindibles King Crimson), Tony T.S.
McPhee se enamoró muy joven del blues, a través de
un disco de su hermano mayor Sam, la recopilación de
country blues ‘The Blues Roll On’ (que
incluía a Mississippi Fred McDowell), pero sobretodo, a
raíz de presenciar un concierto, algunos años
después, de Cyril Davies. El blues marcaría a
McPhee desde muy joven gracias a Sam, diez años mayor que
él, y que además del blues le introduciría
en otros sonidos como la música turca, la africana, e
incluso, el flamenco. Con el tiempo, The Dollarbills cambiaron
su nombre por John Lee’s Groundhogs, un doble homenaje a
su gran ídolo y, a la postre, su mayor influencia, John
Lee Hooker (un tema de Hooker se llamaba ‘Ground Hog
Blues’). Así, desde sus comienzos en el blues,
The Groundhogs ofrecieron la imagen más ruda y salvaje
del blues clásico. Y digo ‘clásico’
porque el grupo liderado por McPhee tuvo una actitud
decididamente blues durante sus primeros años, sin hacer
la menor concesión ni cambio de imagen de cara a la
galería.
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Su primera oportunidad se
presenta bajo una historia de buena suerte: los Bluesbreakers de
Mayall deben dejar la gira que estaban llevando a cabo como
acompañantes de John Lee Hooker por Inglaterra, y puesto
que los Groundhogs sienten devoción por el bluesman y
comparten misma agencia de contratación que Mayall,
McPhee y los suyos los reemplazan. Al lado de Hooker alcanzarían
madurez como banda de blues, marcaría el camino a seguir
por el grupo, y alcanzarían cierta fama como banda de
directo en los sectores especializados. El resultado de
semejante unión serían alguna gira y un notable
álbum, ‘John Lee Hooker & The Seven Nights’
(Verve 1965, luego reeditado bajo diversos nombres, ‘Hooker
& The Hogs’, ‘John Lee Hooker And The
Groundhogs’ o ‘The London Sessions ’65’),
en la que el grupo se mostraba como una perfecta banda de
acompañamiento para el bluesman. Acompañarían
a Hooker en sus giras británicas hasta 1969, y el viejo
bluesman reconoció que eran la mejor banda de blues de
todo Gran Bretaña.
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Tony
McPhee: Creo
que tocamos muy bien con él [Hooker] porque entendíamos
perfectamente su música. A él le gustamos tanto
que nos pidió que le acompañáramos cada vez
que actuara en Gran Bretaña. (…) Tenía una
técnica fascinante y era todo un caballero ¡aunque
solía quedarse delante de mí cuando yo hacía
un solo para que diera la impresión de que era él
quien estaba tocando.
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(En
‘John Lee Hooker’, de Juan Campos, Ed. La
Máscara, pág. 93)
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Aunque no sólo acompañaron
a Hooker en sus visitas británicas, muchos otros bluesmen
clásicos pidieron acompañarse del grupo de McPhee,
caso de Champion Jack Dupree, Jimmy Reed, Memphis Slim o Little
Walter.
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Pero McPhee es un músico
inquieto, y en 1966 fuerza a John Lee’s Groundhogs a
separarse. Entre 1966 y 1968, McPhee llevaría a cabo
diversos proyectos: uno personal, que sería un fracaso
importante, Herbal Mixture (que co-lidera junto a John Dummer),
un grupo de pop psicodélico en la onda de The Yardbirds,
tan agradable como intrascendente (reedición de sus
singles junto con las primerísimas grabaciones de los
Groundhogs, incluidos los singles de 1964 y 1965, en el álbum
‘Please Leave My Mind’), graba un disco en
solitario de blues acústico con algunos conocidos del
circuito de blues inglés, ‘Me And The Devil’,
y además tres proyectos en los que participó como
músico de sesión que fueron esenciales para el
futuro de los Groundhogs: colabora con Champion Jack Dupree y
Eddie Boyd,; graba como guitarra solista de la John Dummer Band
en el disco ‘Cabal’, y en el disco ‘Western
Flier’ de Hapshash And The Coloured Coat. Si los
primeros bluesmen le ayudan a pulirse dentro del blues más
clásico, a través de la asimilación, por
parte de McPhee, de que no existen fórmulas maestras para
el blues, la John Dummer Band le muestra lo que quiere hacer a
corto plazo, formar su propia banda de blues rock (de hecho
tiene tanta prisa por reformar sus Groundhogs, que aparece en
los créditos de la Dummer Band, pero en ninguna foto de
la carpeta), y por último, Hapshash And The Coloured Coat
le muestra que se puede hacer buena música alejado del
blues, de hecho, casi se podría decir, incluso, que
alejado de los cánones de la música popular.
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Hacia 1968, Tony McPhee tiene una
gran reputación como guitarrista. Algunos años
antes, Mayall le invita a unirse a sus Bluesbreakers, tras la
primera salida de Clapton (antes de grabar el mítico
‘Bluesbreakers With Eric Clapton’), y un poco
más tarde sería Peter Green (otro ‘discípulo’
de Mayall) el que le invita a unirse a sus Fleetwood Mac. No
serían los únicos, Chris Barber y Alexis Korner
también le propusieron unirse a sus respectivas bandas a
mediados de los sesenta. Sin embargo, McPhee tiene sus propios
planes: crear su propia banda de blues, la nueva encarnación
de los Groundhogs.
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Mentes
de Ácido: ¿Qué
puedes decirnos de tu forma de tocar la guitarra?
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Tony
McPhee: Mi
forma de tocar la guitarra viene de diferentes elementos de mis
héroes del blues, Hubert Sumlin, John Lee Hooker,
Howlin’ Wolf, Robert Johnson etc.
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En este momento, el grupo vive un
momento agridulce como banda, ya que tienen una más que
reconocida reputación como banda de directo, incluso han
grabado junto a grandes artistas, pero aun no han conseguido
editar un LP a su nombre. En Inglaterra se empieza a hablar de
la calidad del grupo en directo, basado, principalmente, en
nunca repetir un concierto (canciones siempre tocadas de forma
diferente, espacio para la improvisación…), aunque
esto será más claro algunos años después.
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Mentes
de Ácido: ¿Cree
que el directo es la fórmula perfecta para una banda de
rock?
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Tony
McPhee: Era
la única manera de sobrevivir para una banda por aquellos
días, y de acercar tu sonido a tanta gente como fuera
posible. “La máquina publicitaria” era mucho
más limitada por aquel entonces. Aunque sigo pensando que
el directo tiene algo especial.
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Mentes
de Ácido: ¿Qué
concierto recuerdas con más cariño?
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Tony
McPhee: Mi
concierto favorito fue en Glasgow, en el Greens Playhouse donde
llenamos “hasta la bandera” después de haber
teloneado unos meses antes allí a los Stones. Fue genial
conseguir tanta multitud como cabezas de cartel.
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1968 y 1969 fueron años en
los que muchas bandas decidieron grabar discos de blues, pero
que fueran novedosos. Es lo que se ha venido llamando blues
progresivo, o lo que es lo mismo, una serie de discos que
partiendo desde las coordenadas clásicas del blues
intentan reinventarlo a través de la influencia de
elementos ajenos al blues, como puedan ser el jazz, el rock, el
hard rock, o incluso, el rock progresivo. Es difícil
señalar a un solo personaje o banda que cambiase la
concepción del blues, convirtiéndolo en blues
progresivo o hard blues, pero lo verdaderamente importante, al
margen de nombres como Cream, Johnny Winter, Canned Heat, Ten
Years After, Savoy Brown o los propios Groundhogs, es que
realmente hubo una reinvención del blues que afectó
a muchas bandas de su tiempo, e incluso, a los grandes bluesmen
negros (como lo demuestran la colaboración de Hooker con
Canned Heat en el inmenso ‘Hooker & Heat’,
o la grabación del psicodélico ‘Electric
Mud’ a cargo de Muddy Waters).
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El problema de la falta de un
álbum a su nombre se soluciona en 1968, cuando Roy
Fisher, el manager de los primeros Groundhogs, les consigue un
contrato con Liberty/United Artist, y McPhee junto a Pete
Cruickshank al bajo, Ken Pustelnik (ex The Deep) a la batería
y Steve Rye a la harmónica, decide re-formar The
Groundhogs para grabar ‘Scratching The Surface’,
el que sería su debut, producido por Mike Batt. Lo cierto
es que ‘Scratching The Surface’ es un disco
que hoy llama poco la atención, pero que en su momento
fue original de algún modo. El debut de los Groundhogs
es, definitivamente, un disco de blues clásico, inspirado
por los sonidos de Hooker, pero no es menos cierto que su
clasicismo recurre a la base del blues negro, sin pasar por el
tratamiento que los blancos solían dar al estilo. Más
interesante sería ‘Blues Obituary’,
segundo LP (1969), que aún manteniendo la línea
del debut de blues clásico, se beneficia de la salida de
Steve Rye, dejando al grupo como trío, y en el que
destaca un tono mucho más oscuro y tétrico, e
incluso un toque progresivo que lo hace un disco muy especial,
su portada lo dice todo.
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Después de que McPhee
colaborase con la banda Hapshash And The Coloured Coat en el
álbum ‘Western Flier’ (1968), se
produce la primera salida de la banda, el harmonicista Steve Rye
se une a la Brunning Hall Sunflower Blues Band (con Jo-Ann
Kelly), por lo que The Groundhogs se convierte en un trío,
formato que mantendrá durante muchos años. Su
colaboración con Hapshash And The Coloured Coat sería
esencial para el futuro de los Groundhogs, ya que el sonido de
Hapshash sería algo enteramente novedoso para McPhee.
‘Western Flier’ era un disco complejo, con
toques de progresivo, folk, incluso se acercaba a veces a la
música medieval y al canto gregoriano, lo que abría
el abanico de posibilidades de McPhee. Además, otro
miembro del grupo, el letrista Mike Batt sería un
personaje importante en el futuro de los Groundhogs, al producir
el primer disco de la formación.
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Aunque el segundo disco de los
Groundhogs, volverá a seguir las claves blueseras del
debut, en ‘Blues Obituary’ (1969) ya se dejan
notar algunas diferencias, pero sobre todo, el interés
del trío en generar canciones originales de blues. Es
decir, en ‘Blues Obituary’ (título que
hace referencia a ‘la extinción del blues’,
cuyo espacio está siendo ocupado por el rock), The
Groundhogs llevan a cabo un blues ciertamente más
arriesgado y original que en ‘Scratching The Surface’,
mucho más, si se quiere, progresivo, y el resultado es un
álbum de crudísimo y oscuro blues, pero a la vez,
con una energía increíble de la que carecía
el debut. En resumen, un álbum excepcional, con piezas
alucinantes en las que McPhee por fin se desata tanto como
cantante y guitarrista (su trabajo es inapelable) como
compositor: ‘Times’ con su maravillosa slide,
el crudo arreglo que le dan al clásico ‘Mistreated’
convirtiéndola en una de las referencias de su sonido, el
tremendo instrumental ‘Light Was The Day’ con
sus guitarras psicodélicas y sus percusiones salvajes, o
el oscuro ‘B. D. D.’ son auténticas
joyas de su estilo.
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Incluso en este contexto, el
blues, el grupo de McPhee fue original de algún modo,
primero por tomar como referencia el blues negro, sin pasar por
un tratamiento británico, y segundo por la forma de
McPhee de afrontar su instrumento, al margen de otros
guitarristas de su generación, sino más bien
recurriendo a las fuentes originales. Un clasicismo basado en el
blues negro americano que era, precisamente, una de las
características que hacían originales al grupo.
Por su parte, la sección rítmica es apabullante:
afrontando sus instrumentos con gran libertad, a la manera
heredada de Cream, con una compenetración sorprendente.
Si Cruickshank (que estuvo al lado de McPhee desde 1962) es un
auténtico reloj de precisión, Pustelnik está
menos atado a la hora de tocar, de hecho, el propio McPhee
reconoce que a veces ha tenido problemas para seguirle.
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En algún sentido, se
acercaban más a lo que, al otro lado del Atlántico
estaban haciendo grupos de white blues como The Paul Butterfield
Band. En Inglaterra, The Groundhogs comparte con los Ten Years
After de Alvin Lee y los Fleetwood Mac de Peter Green el status
de gran banda de blues rock británica: las tres son
clásicas pero originales de algún modo… si
el grupo de Lee ofrece fuerza, los Mac ofrecen un estilo más
cuidado (no en vano sus miembros proceden de la banda de
Mayall). Por su parte, The Groundhogs ofrecen el lado más
rudo del blues clásico, la imagen británica de
John Lee Hooker (en los Estados Unidos esa imagen sería
ocupada por The Paul Butterfield Band, por un lado, y por Canned
Heat, por otro). Pero habría muchas más bandas
mencionadas antes, como los colosales Savoy Brown de Kim
Simmonds, Chicken Shack, Spooky Tooth o Stone The Crows, aunque
ninguna de ellas como The Groundhogs.
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Lo que mostró ‘Blues
Obituary’ es a una banda de blues inquieta, que
parecía decidida a ofrecer cosas realmente nuevas dentro
de los márgenes del blues. Sin embargo, para su siguiente
disco, de 1970, las novedades son mucho mayores, y el blues
estará, al menos a primera vista, en un segundo plano. Es
tan grande la evolución que The Groundhogs vive en su
seno que es inevitable preguntarse: ¿qué ocurrió
entre 1969 y 1970 para que se produjese en el seno del grupo
semejante evolución?
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Mentes
de Ácido: ¿Qué
ocurrió en el seno de la banda para el cambio que se
produjo entre ‘Blues
Obituary’ y ‘Thank Christ for The Bomb’?
¿Cómo afectó ese cambio a la banda?
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Tony
McPhee: El
blues estaba pasando de moda y empecé a encontrar
dificultades para escribir canciones de blues que fueran
suficientemente diferentes. El blues puede llegar a ser un poco
limitado. De cualquier modo, el resto de la banda estaba feliz
con el cambio.
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La banda no deja de crecer en
estos últimos años de los sesenta, su reputación
como banda en directo se incrementa, y la creatividad aparece,
como lo demuestra ‘Thank Christ For The Bomb’
(1970), que sería uno de los pilares de la carrera de la
banda y donde, por fin, se materializaría su personal
sonido. ‘Thank Christ For The Bomb’ muestra a
un grupo que parece haber alcanzado plena madurez, dejando a un
lado el blues clásico de sus dos primeros discos para
girar hacia la floreciente escena de hard rock que había
en Inglaterra. El disco tiene un buen éxito de ventas,
llegó al puesto 9 de las listas inglesas, donde se
mantuvo durante 13 semanas.
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‘Thank Christ For The
Bomb’ entra en los charts (algo que la banda esperaba)
y permite al grupo tener más libertad, pues les facilita
el hacer más conciertos, incluso talonear a los Rolling
Stones… con todo, el éxito de ‘Thank
Christ For The Bomb’ nunca se volvería a
repetir, por lo que fue su punto más alto de fama en toda
su carrera, y perlas del calibre de ‘Soldier’,
‘Garden’ o ‘Eccentric Man’
serían temas habituales de sus directos durante muchos
años. Quizás un mayor consumo de drogas sería
la causa de que la creatividad del grupo, especialmente McPhee,
estallase… McPhee ha crecido mucho como guitarrista y
compositor desde ‘Blues Obituary’. Esto
permite al grupo ofrecer, por un lado, una nueva vuelta de
tuerca del blues, y por otro acercarse a los nuevos sonidos que
estaban imperando en Inglaterra en aquellos años. Led
Zeppelin, que ha aparecido tras la separación de Cream,
ha removido los cimientos del rock británico y, de alguna
forma ha marcado uno de los caminos a seguir. Decir que The
Groundhogs se vinculan al sonido de los de Page y Plant sería
algo, no obstante, injusto. Si bien es cierto que la banda de
McPhee abandona el clasicismo blues de sus primeros discos, no
es menos cierto que ‘Thank Christ For The Bomb’
intenta también una cierta reinvención del
blues. Muchos grupos de aquellos años utilizan el blues
como vehículo para desarrollar ideas, en principio,
alejadas del blues (es el caso de Johnny Winter And en América,
o Led Zeppelin y Ten Years After en Inglaterra), y los
Groundhogs, por su parte, en un estilo propiamente McPhee, donde
todo tiene cabida, y que les acerca, en este sentido, más
a lo que estaban haciendo The Stooges o MC5 (utilizar las
figuras rítmicas del blues en sonoridades absolutamente
novedosas en aquellos años) en los Estados Unidos, o
algunas bandas alemanas de comienzos de los setenta, que a sus
compatriotas británicos.
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El caso de ‘Thank
Christ For The Bomb’ es paradigmático del
tiempo en el que fue concebido. Como el propio McPhee explica,
el blues se ha quedado pequeño para el desarrollo que
está sufriendo el grupo. McPhee echa una mirada a su
alrededor y descubre que va a ser difícil crecer dentro
de los severos límites del blues. Sin embargo, ‘Thank
Christ For The Bomb’ todavía puede ser visto
como un disco de blues, o mejor, de blues progresivo. McPhee
pone toda la carne en el asador y se atreve con una serie de
temas arriesgados en los que, como sus contemporáneos, se
dobla las guitarras, dejando crecer toda su imaginación.
‘Thank Christ For The Bomb’ es un disco
oscuro, pero que contiene alguno de los mejores temas grabados
por el grupo (‘Darkness Is No Friend’, las
geniales guitarras dobladas de ‘Strange Town’,
la épica desnuda de la pacifista ‘Thank Christ
For The Bomb’, con un desarrollo eléctrico
brillante, la originalidad de ‘Soldier’ (que
el mismo John Peel alabó cuando apareció) o
‘Garden’, la potencia desbordante de
‘Eccentric Man’). Cambios de ritmo, guitarras
salvajes, voces acertadamente temblorosas, bases rítmicas
pétreas son las características de un álbum
que, de algún modo, contiene importantes críticas
a un mundo capitalista. Incluso hay quien afirma que es, en
cierta forma, un disco conceptual que gira en torno a la
enajenación de los individuos en el marco de las
sociedades desarrolladas del capitalismo occidental, algo que
enriquece un álbum que roza la perfección.‘Thank
Christ For The Bomb’, además, será el
disco favorito del propio McPhee, y contará con la
ventaja de tratar temas que permanecen actuales, y una música
que aún hoy parece del futuro. Siempre
interesado por la lírica de sus canciones (es un disco
cuyas letras están muy trabajadas), McPhee tiene, al
menos en estos años, una visión idealista del
mundo, aunque alejado de toda influencia hippie, por su carácter
malhumorado, oscuro (a veces indescifrable) y contestatario. Con
los años, sus letras dejarán de ser idealistas,
para mostrar su cara más crítica y pesimista con
la condición humana.
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El éxito de ventas de este
trabajo ayuda a que en noviembre de ese mismo año la
banda vuelva a entrar en el estudio de grabación para
facturar el que, posiblemente, sea su mejor trabajo, ‘Split’
(editado en 1971). Tuvo un gran éxito de ventas (llegó
al puesto 5), tanto que distribuyeron pocas copias y las tiendas
se quedaron sin material (quizás, de haber distribuido
más copias, el disco hubiera llegado al número
uno). Su primera cara contiene un tema, ‘Split’,
dividido en cuatro partes, y que trata de un viaje por una
crisis mental del propio McPhee.
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Mentes
de Ácido: ¿Cuál
es el origen de ‘Split’?
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Tony
McPhee: La
noche después de un concierto en Huddersfield, me
invitaron a la casa de Mick Hubberts (un técnico) a un
curry. Mick tenia un inquilino americano que había hecho
algunos porros de cannabis con la hierba que Ken Pustelnik (mi
antiguo batería) le había dado. Recuerdo como
regresamos del concierto la noche anterior e intentarlo sin
ningún efecto. También recuerdo pensando sobre
ello (y es divertido recordarlo ahora) que las semillas se
habían quedado dentro y que el porro podría
‘petar’ como un cigarro explosivo de esos de broma.
Compartí un porro que el tío había hecho.
De repente la tele de Mick se dividió por la mitad. Los
demás parecían estar pasándolo bien pero yo
me sentía raro. Fui al baño y abrí el grifo
pero empecé a sentir que “las cosas” crecían
como en ‘Alicia
en el País de las Maravillas’. Intente tocar la
guitarra para centrarme en algo pero estaba perdiendo contacto
con la realidad y todo lo que podía ver eran espirales.
Mi corazón latía tan rápido que pensaba que
iba a explotar, Mick me pidió que vigilara el curry, ya
que la última vez que lo vio se estaba saliendo de la
sartén, fui a la cocina y abrí una ventana,
y el jardín parecía un paisaje de Marte. La mujer
de Mick estaba allí, así que me agarre a ella
porque ella no estaba fumada y necesitaba a alguien así
para conseguirlo yo también (conseguir estar bien).
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Incluso
empecé a perder la consciencia. Después de unas
horas volví a la normalidad. Estoy seguro que aquel
episodio abrió una puerta que no pude cerrar.
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Unas
semanas después, mi entonces mujer y yo, nos fuimos a
pasear con el hijo de nuestra casera, era un día muy
caluroso, y mas tarde, aquella noche no podía dormir. Fue
entonces cuando me dio un ataque de pánico, empecé
a preguntarme cómo podía existir, sigo teniendo
problemas en explicarlo, era una negación de la
existencia, así que intente huir de aquel pensamiento,
corrí escaleras arriba, hacia la parte superior de los
apartamentos (‘Split 1’) estaba demasiado oscuro y
encendí las luces, y entonces estaba demasiado iluminado
(‘Split 2’) no pude deshacerme del pensamiento en
toda la noche, finalmente pude dormir de puro exhausto (‘Split
3’) pero cuando me levante el sentimiento volvió
hacia mí inmediatamente, estaba completamente paranoico
(‘Split 4’). Mirando hacia atrás, hubo
algunos meses donde hubiera creído cualquier cosa, una
puerta se abrió en mi mente y no pude cerrarla. No lo
temo ahora, pero solía hacerlo.
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‘Split’ se me
antoja no sólo como el disco más importante de los
Groundhogs, sino también como uno de los álbumes
más importantes de su tiempo. 1970 es un año
esencial para el curso del rock, en el que se ve claramente como
los cambios comenzados hacia 1968 y desarrollados en 1969 han
dado sus frutos: el rock ha cambiado. El underground de finales
de los sesenta está ya, al menos en parte, dentro del
overground. El hard rock y el progresivo primigenios ha afectado
a buena parte de la música rock: la psicodelia tiene un
desarrollo muy rico en la hard psicodelia, el rock progresivo
entra en los charts, y el blues triunfa, básicamente como
blues rock (o hard blues). ‘Split’ sería
uno de los grandes álbumes que llevaron a cabo esa
concepción del rock nueva, típica de los setenta,
en parte por el enorme trabajo de Martin Birch a los controles.
El grupo de Cruickshank, Pustelnik y McPhee parece alejarse
definitivamente, al menos en comparación con sus discos
anteriores, del blues para crear una música realmente
innovadora, en la que temas de primigenio hard rock reciben un
tratamiento de guitarras heredado de la psicodelia más
salvaje. La cara A, compuesta por las cuatro partes de ‘Split’
contiene 20 minutos de pura energía, con un sentimiento y
una emotividad que no dejan de sorprender, con una sección
rítmica que puede mirar cara a cara a los Bruce/Baker o a
los Bogert/Appice, y con un McPhee en estado de gracia, que
muestra su evolución desde el blues clásico a
través de unos recursos que parecen infinitos (guitarras
dobladas, dobles solos de guitarra, wah wah, slide, fuzz,
delays…). La cara B contiene la que, posiblemente, es el
tema más conocido de la banda, ‘Cherry Red’,
una obra de arte de gran potencia (posible antecedente del punk)
y de nuevo, con un McPhee soberbio, con unos solos de guitarras
propios de los mas grandes de la época. En conclusión,
a McPhee siempre le ha perseguido la sombra de guitarrista ‘de
culto’, lo que le ha llevado a estar infravalorado,
aunque la verdad es que tenía poco o nada que envidiar a
Page o Clapton, incluso llegaría a decir que fue tan
innovador, y puede que técnicamente más, que los
dos anteriores.
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Este disco tuvo un éxito
arrollador de crítica, lo que llevo a la banda a telonear
a los mismísimos The Rolling Stones en su tour británico
de 1971. De dicha gira ha quedado para la posteridad un directo
colosal, ‘Live At Leeds ‘71’, donde se
aprecia la fuerza con la que The Groundhogs realizaban sus
directos, y que apareció, en principio como un disco
promocional de 100 copias para Estados Unidos. De hecho, de esta
época existen un buen números de directos, algunos
editados oficialmente y otros como bootlegs, en ellos el
repertorio es similar, centrándose en sus dos álbumes
más recientes, ‘Thank Christ For the Bomb’
y ‘Split’, y algún que otro tema,
entre los que cabe destacar ‘Mistreated’, del
‘Blues Obituary’ o la extraordinaria versión
que del ‘Still A Fool’ de Waters se marcaba
el grupo, convirtiéndolo en una jam de blues ácido
que solía superar el cuarto de hora. Lo cierto es que nos
atrevemos a calificar a los Groundhogs como una de las mejores
bandas en directo de su época, y es que resulta tan
interesante como increíble la enorme potencia de la
sección rítmica, y como McPhee es capaz de hacer
olvidar las guitarras dobladas de las versiones en estudio con
una sola guitarra. El ‘Live At Quinn Abbey’,
‘Live At Leeds ’71’ o ‘BBC
Radio One. Live In Concert’ son algunos ejemplos de lo
que eran capaces de hacer sobre las tablas, y que me atrevería
a definir tan geniales como esenciales para entender a The
Groundhogs.
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1972 dio a la banda una de cal y
otra de arena… por un lado, The Groundhogs graba un disco
en enero, ‘Who Will Save The World? The Mighty
Groundhogs’, producido de nuevo por ‘el mago’
Martin Birch (luego productor de bandas como Iron Maiden), con
una maravillosa portada estilo ‘Marvel Comic’ de
Neil Adams (luego famosísimo dibujante de cómic),
pero que, aunque sigue teniendo partidarios entre los fans del
grupo (por ejemplo, Julian Cope), lo cierto es que el mismo
McPhee nunca estuvo muy contento con el resultado final (según
sus propias palabras, debido, en parte, al estudio en el que lo
grabaron). Sin embargo, ‘Who Will Save The World?’
es un disco excelente, pero también mucho más
arriesgado que sus anteriores discos: McPhee empieza a utilizar
sintetizadores y mellotrones (algo que muchos seguidores nunca
le perdonaron), además de alejarse aún más
del blues. El medio tiempo pseudo-boogie de ‘Wages Of
Peace’, esa extraña perla llamada ‘Earth
Is Not Room Enough’, con su relajada parte central de
mellotron, la oscuridad casi apocalíptica de ‘Music
Is The Food Of Thought’, la preciosa ‘Death
Of The Sun’ o esas joyas incalificables que son ‘Body
In Mind’ y, sobretodo, ‘The Grey Maze’,
con un McPhee impresionante y un acompañamiento rítmico
tan salvaje como perfecto. Este álbum supone la primera
gran aproximación del grupo a los pantanosos terrenos del
progresivo.
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No deja de ser interesante que
The Groundhogs pertenezcan en este tiempo al sello
Liberty/United Artist, bajo la supervisión de Andrew
Lauder (luego en A&R), que también graba los discos
de Can, Amon Düül II, Man o Hawkwind. Éstas
bandas, junto a los Groundhogs, serían los grandes grupos
‘de culto’ del sello, y serían esenciales
para el futuro del rock. En 1972, parece que The Groundhogs ha
dejado el blues (casi) definitivamente, al menos en sus discos
en estudio, y puede ser que gran parte de ese hecho esté,
de alguna manera, influenciado por las tres bandas arriba
mencionadas. De hecho, McPhee llegó a aportar su guitarra
en un disco de Amon Düül II, aunque muchos años
después (‘Die Lösung’, 1989), y
siempre tuvo buenas relaciones con Hawkwind, incluso The
Groundhogs contó en los 80 con el bajista de Dave
Anderson, que había sido bajista, además de los
Amon Düül II, de Hawkwind en su primer disco, antes de
la entrada de Lemmy Kilmister. Críticos,
como Julian Cope, sitúan el estilo de los Groundhogs bajo
la misma etiqueta que los grupos anteriormente citados, incluso
más que con respecto a grupos de blues progresivo de
finales de los sesenta.
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Por otra parte, The Groundhogs
tuvieron un gran éxito en la gira americana de aquel
1972, cuyo resultado sería el poderoso ‘U.S.
Tour ’72’, que no se editaría hasta 1999,
aunque también algún bootleg, como ‘Shadows
1972’. 1972 es el año en el que el trío
aparece en el mítico Top of The Pops. Sin
embargo, no todo serían buenas noticias de aquella gira,
porque, a su regreso a Inglaterra, McPhee llegaría con la
muñeca rota y con la mala noticia de que el batería
Ken Pustelnik abandonaba la formación. Su sustituto sería
Clive Brooks, que procedía del grupo Egg, formado de las
cenizas de los míticos Arzachel.
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En septiembre de ese mismo año,
McPhee, Cruickshank y Brooks vuelven al estudio a grabar
‘Hogwash’, que parece una vuelta de tuerca al
sonido Groundhogs tras el ‘fallido’ LP anterior, y
que cuenta con una labor magistral del ingeniero de sonido
Martin Rushent. Pero McPhee tampoco hace ninguna concesión
esta vez: sigue alternando guitarras y sintetizadores, logrando
una mezcla imponente de ambos. ‘I Love You Miss Ogyny’,
de título polémico, ‘S’one Song’,
la perfecta y emocionante ‘3744 James Road’
(que habla de la estancia del grupo en Memphis, en una casa con
la dirección del título), la pseudo-acústica
belleza de ‘Earth Shanty’ de una originalidad
que aún hoy deja perplejo, o ‘Sad Is The Hunter’
(dura crítica a la condición humana en general, y
a los cazadores de animales en particular) son temas realmente
buenos, que retoman el pasado de los Groundhogs pero con un
sonido propio de 1972, lo que da al disco un carácter, si
se quiere, más progresivo, con unos riffs no tan potentes
como sí milimétricos y afilados, pero donde hay
una perfecta combinación de nuevos sonidos progresivos,
con el blues rock marca de la casa (hermanado de cierta forma al
no menos colosal ‘Back To The Future’ de los
galeses Man), llegando a superar cualquier estilo para llegar a
una música plena, dura, del futuro, que tendría
cierta continuación años más tarde. Muchos
de los grupos actuales como QOTSA o Masters Of Reality deben
mucho a este disco, incluso el propio Jack Endino productor de
muchos de los grupos mas importantes de los 90's, como Screaming
Trees y guitarrista de SkinYard, dice que éste fue el
disco que le cambio la vida.
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Temáticamente, ‘Hogwash’
es un álbum poco menos que profético, pues en él
McPhee saca a la luz su preocupación por el mundo actual,
con una lírica muy inteligente en la que se muestra
realmente enfadado, Las canciones finales de ‘Hogwash’
muestran a McPhee en solitario, en acústico, demostrando
que nunca abandonará el blues.
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En el impagable directo ‘BBC
Sessions 70-72’ se incluyen abrasivas versiones de ‘I
Love You Miss Ogyny’, ‘3744 James Road’
, ‘Earth Shanty’ , ‘Sad Is The
Hunter’ y ‘You Had A Lesson’.
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A finales de 1972, McPhee empieza
a experimentar con su guitarra y con sintetizadores, y en 1973
graba ‘The Two Sides Of Tony TS McPhee’, en
solitario y en el estudio de su casa de Suffolk, un álbum
con clara vocación experimental, que combina elementos
del blues acústico en los cuales McPhee se siente muy a
gusto, con ‘The Hunt’, un tema de casi 20
minutos de experimentación electrónica, que aún
suena actual, y que muestra a un McPhee muy interesado en las
nuevas tecnologías. La escucha de ‘The Hunt’
puede llegar a convertirse en toda una experiencia, quizás
agotadora por su dificultad, pero siempre interesante, además
de criticar duramente uno de los temas que más le
preocupan, la caza de animales.
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Al año siguiente, The
Groundhogs vuelven a entrar en el estudio para grabar ‘Solid’
(aunque antes llegarían a grabar un single, ‘Sad
Go Round - Over Blue’), que sería uno de los
discos más recordados por los fans de la banda y en la
que, de nuevo, recurrían a ese sonido tan personal que
caracteriza las obras del trío durante este periodo,
incluyendo un uso muy interesante de los sintetizadores. En esta
ocasión, las ventas serían realmente escasas, lo
que propiciaría el fin de The Groundhogs. Siguiendo la
tónica de los dos trabajos anteriores del grupo,
guitarras y sintetizadores, este álbum cuenta con no
pocos partidarios, quizás porque ‘Solid’
sí consigue lo que ‘Who Will Save The World?’
sólo intenta, a través de un tratamiento
decididamente más rock, donde el sonido es más
afilado y a la vez más cuidado. Desde ‘Light My
Light’ (uno de los grandes temas de la formación)
hasta esa oscura locura que es ‘Joker’s Grave’,
pasando por las perfectas uniones de sintetizadores y guitarras
que son ‘Sins Of The Father’ o ‘Snow
Storm’, la progresiva ‘Plea Sing Plea Song’
o el clásico blues acústico ‘Free
From All Alarm’. Puede ser que el disco que se
beneficie de la experimentación llevada a cabo por McPhee
en ‘The Two Sides…’ un año
antes.
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Tras la
grabación de ‘Solid’, el grupo se
separa.
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Mentes
de Ácido: ¿Por
qué fue diferente el sonido de aquella época?
¿Cree que fue una época irrepetible?
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Tony
McPhee: Fue
porque muchas bandas de aquellos días venían del
blues, aunque nunca volvió completamente, nada lo hace en
realidad, pero también pienso que es una equivocación
intentar hacerlo.
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Naturalmente, hay quien pensaba
que los Groundhogs acabaron con la grabación de ‘Split’,
otros más optimistas opinan que ‘Solid’
fue el principio del fin del grupo. McPhee, de todas formas,
nunca fue partidario, como decía Zappa, ‘de buscar
el camino fácil’, y lo demuestra con una serie de
discos que dentro de un marco que puede considerarse blues rock,
a través una forma, si se quiere, progresiva, alternando
guitarras llenas de zigzagueos, cambios de ritmos y melodías
realmente complejas, con sintetizadores, desafiando a todo su
medio entorno musical. Hubo quien no se lo perdonó.
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Afortunadamente, McPhee vuelve a
formar la banda a finales de 1975, pero con unos miembros
totalmente nuevos: además de McPhee a la guitarra, le
acompaña a dicho instrumento Dave Wellbelove, Martin Kent
al bajo y Mick Cook a la batería… la primera vez
que The Groundhogs grababa como cuarteto desde su debut, y el
resultado de esta re-formación fue el álbum
‘Crosscut Saw’, a principios de 1976, que se
mantiene aún como un notable disco de blues rock que se
beneficia de un carácter más oscuro y tortuoso de
anteriores entregas y donde el trabajo de McPhee es
prácticamente perfecto. Su guitarra pocas veces ha
aparecido tan deformada y enferma. El disco tiene cierto
carácter conceptual, ya que en los temas que lo forman
hay un tema más o menos fijo: la maldad de la mujer, lo
que ha hecho que se especule sobre el carácter misógino
de Tony McPhee. Sin embargo, nuestra idea es otra: McPhee ha
crecido con el blues, y ‘la maldad de la mujer’ es
un tema esencialmente ligado al blues, resultando más
bien una oda al poder que la mujer ejerce sobre el hombre. El
disco es muy potente, uno de los más poderosos de los
Groundhogs, envuelto en una oscura atmósfera que, a
veces, lo emparenta (salvando las distancias) con los primeros
Black Sabbath. ‘Crosscut Saw’, las poderosas
guitarras de ‘Promiscuity’ o ‘Boogie
With Us’, o la épica de ‘Eleventh
Hour’ muestran a un grupo impresionante, unos
‘dinosaurios del rock’ que aún tienen muchas
cosas que enseñar a las nuevas generaciones.
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A McPhee le agrada esta
formación, y a mediados de ese mismo año vuelve a
entrar en el estudio para otro nuevo disco, ‘Black
Diamond’, con el único cambio en la guitarra
acompañante, donde Rick Adams sustituye a Dave
Wellbelove. Quizás ‘Black Diamond’ no
es tan potente ni abrasivo como ‘Crosscut Saw’,
pero en muchos sentidos es un disco más perfecto (puede
ser el álbum más infravalorado de McPhee) donde su
evolución como guitarrista vuelve a subir un peldaño,
mezclando los sonidos típicos de la banda con efectos de
chorus en sus guitarras que las hacen aun más poderosas,
derrochando una creatividad que parece no tener límite.
Las tremendas ‘Friendzy’, con sus guitarras
enfermas, ‘Fantasy Partner’, que encajaría
a la perfección en ‘Thank Christ For The Bomb’,
el blues actualizado de ‘Live Right’ o el
precioso tema que da título al álbum, son muestras
de ello.
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El éxito de estos dos
discos sería casi ínfimo (existe una edición
en CD que incluye los dos álbumes), no hay que olvidar
que en Inglaterra se estaba gestando en punk en aquellos días,
y el blues, o blues rock, ya no era del gusto de la juventud.
Sin embargo, y esto es curioso, pueden considerarse que, en
algún sentido, son dos de sus discos más
‘comerciales’. The Groundhogs se convertían
de la noche a la mañana en ‘aburridos dinosaurios
del rock’. El inevitable directo de esta gira, sería
el fiero y salvaje ‘Live U.K. Tour '76’ (editado
en 2004), de una potencia desbordante grabado en la gira del
‘Crosscut Saw’, y con un épico ‘Cherry
Red’ de casi cuarto de hora. Son los años del
nacimiento del punk y The Groundhogs parecen no tener sitio en
la escena. ‘Live U.K. Tour '76’ es un álbum
vibrante, un directo realmente diferente, no se parece a nada de
lo grabado en vivo por el grupo antes o después, por eso
es esencial para entender ese ‘oscuro’ tiempo que
vivió la banda a mediados de los setenta.
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Mentes
de Ácido: Entre
1975 y 1977, el público se interesa masivamente por el
rock, pero hay un cambio en las tendencias, y los grupos
clásicos pasan a un segundo plano. ¿Cómo
vivió la banda esta época?
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Tony
McPhee: …Muy
difícilmente. Como muchas otras bandas no consigues
superar el cambio, y The Groundhogs nos separamos en 1976 hasta
que volví a formar la banda en 1984.
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Una de las cosas que se le suele
recriminar a McPhee es que perdió la esencia del ‘sonido
groundhogs’ con el paso de los años, y si bien es
cierto que dejo de lado el blues más clásico y la
hard psych de comienzos de los sesenta, nos parece que no es
menos cierto que McPhee nunca perdió lo que hemos venido
definiendo como ‘marca de la casa McPhee’, y es que
todos los discos de los Groundhogs, estén más
cerca del blues, del hard rock o del progresivo, suenan a
Groundhogs. ‘Black Diamond’, ‘Hogwash’
o ‘Solid’ son discos, quizás, alejado
de las sonoridades de ‘Split’, pero que
guardan con él un aire de familia, en esos ritmos y
melodías llenos de recovecos, esas guitarras tan salvajes
como emotivas, y esa voz quebrada tan propia de McPhee, una
forma absolutamente personal de entender el rock. Lejos de
intentar agotar o exprimir una fórmula o una figura
rítmica, el afán experimentador de McPhee sería
una de las más interesantes y originales características
del sonido del grupo.
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En los años siguientes
McPhee compaginó diversos trabajos y colaboraciones,
desde Terraplane, una banda vinculada a la obra de Robert
Johnson, colaborar con Mike Batt (viejo conocido de Hapshash And
The Coloured Coat con el que colabora en ‘Tarot Sweet’,
1979) o con Billy Boy Arnold (‘Checkin’ It Out’,
1980), hasta formar una banda al margen de Groundhogs, con
escaso éxito, la Tony McPhee Band, que graba sólo
un single (‘Time Of Action / Born To Be With You’,
1983) pero da numerosos bolos en Inglaterra o formar una banda
como Tony McPhee’s Turbo, en el que estaría el
futuro miembro de los Groundhogs Alan Fish.
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Después del éxito
del clásico directo ‘Hoggin’ The Stage’
(edición de 1983 de un directo de 1972), McPhee decide
volver a re-formar los Groundhogs, de nuevo en formato de trío,
con el bajista Alan Fish y el baterista Mick Kirton, con los que
realizó muchos conciertos. Con esa formación
decide volver al estudio para grabar el notable ‘Razor’s
Edge’ (1984), aunque también se grabaría
‘No Surrender’, directo de la gira de 1985
pero no editado hasta finales de los ochenta. ‘Razor’s
Edge’ es el primer disco de la formación desde
‘Black Diamond’, y es un disco que debe ser
inscrito en el tiempo en el que fue hecho, 1985, cuando el
mercado estaba ocupado, en buena medida, por el heavy metal y lo
que se vino en llamar AOR. Así, aunque tiene la esencia
de los Groundhogs, puede ser calificado de ‘blues metal’,
un disco muy potente, posiblemente el más potente de
todos los grabados por el grupo, y también el disco que
peor ha envejecido, quizás debido a una producción
floja, típica de los años ochenta. Con todo, tiene
temas soberbios, como la propia ‘Razor’s Edge’,
‘I Confess’, la alucinante ‘Moving
Fast, Standing Still’ o ese blues clásico que
es ‘I Want You To Love Me’.
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Los cambios de formación
son constantes en la banda, y los Hogs vuelven a cambiar en
1987, pues entran Dave Anderson al bajo (que había
tocado, nada más y nada menos, con Hawkwind y Amon Düül
II) y Mick Jones a la batería, con los que vuelve a
entrar en el estudio para facturar un nuevo LP, ‘Back
Against The Wall’ (1987), y de ese tiempo vuelve a
quedar constancia de la clase del grupo en directo con ‘Hogs
On The Road’ (1988).
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‘Back Against The Wall’
es un ejemplo de actualización del blues rock progresivo
en los difíciles finales de los años ochenta, y de
alguna forma, una vuelta a las sonoridades de ‘Thank
Chist For The Bomb’ y ‘Split’, en
formato de trío, como mandan los cánones, y con
una sección rítmica impagable, McPhee vuelta a
destilar clase a las seis cuerdas: ‘No To Submission’,
‘Waiting In Shadows’, la fascinante ‘Ain’t
No Slaver’ o la acústica y desnuda ‘54146’
son buenas pruebas de la enorme calidad de este álbum (el
título ‘54146’ hace referencia al
número de serie de la Gibson SG que le fue robada al
propio McPhee). ‘Hogs On The Road’, por su
parte, fue el álbum que se grabó de la gira de
‘Back Against The Wall’, e incluye material
clásico y material más reciente (tremendas
versiones de ‘3744 James Road’, ‘Amazing
Grace’, ‘I Love You Miss Ogyny’) y
alguna revisión de clásicos del blues. Ambos
discos han sido recientemente editados en un CD doble bajo el
nombre de ‘54146’.
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Los noventa se caracterizan,
sobre todo, porque marcan el inicio de la ya definitiva aventura
en solitario de McPhee al margen de Groundhogs, a través
de discos y actuaciones en los que Tony está acompañado
de su guitarra, y se dedica a tocar blues clásico
acústico. Su primer álbum así, ‘The
Blues And The Beast’ (1993), grabado en Alemania, es
un disco excelente, pero también ‘Foolish
Pride’, grabado poco después, donde Mcphee se
encarga de todos los instrumentos. ‘Slide, TS Slide’
sería una muestra de su capacidad en solitario sobre las
tablas de un escenario, capacidad que le llevaría a
talonear a Jefferson Starship durante estos años. Es
increíble ver a McPhee en solitario tocando blues, lo
lleva en la sangre, es un enamorado del estilo. Además,
en 1992 se produce una colaboración soñada desde
hacía décadas, McPhee presta sus servicios en
algunos temas para el álbum ‘Dining
with the Sharks’ de los míticos
Blue Cheer, banda con la que Groundhogs tiene más de un
punto de contacto.
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En 1996 vuelve a reformar unos
nuevos Groundhogs (esta vez bajo el nombre de Tony McPhee’s
Groundhogs) para grabar ‘Who Said Cherry Red?’,
disco en directo acompañado por Dale Iviss a la batería
y Pete Chymon al bajo, formación que no duraría ni
un año, pues en 1997 The Groundhogs vuelven a grabar un
disco, el notable ‘Hogs In Wolf’s Clothing’
(1998, disco de versiones de Howlin’ Wolf, pero que suena
a puro Groundhogs) con una nueva formación: los
excelentes Pete Correa (batería) y Eric Chipulina
(primero como guitarrista, mientras Alna Fish estaba en el
grupo, y luego como bajista), otros hombres crecidos dentro del
blues rock… Con esta formación también
grabará ‘Eccentric Man. Live At The Marquee’
y el brutal directo ‘Groundhogs Night’, un
doble CD que actualiza los clásicos de la banda con una
fuerza, una potencia y una calidad realmente indescriptible.
Posteriormente, Chipulina y Correa, junto a Alan Fish (también
acompañante de McPhee durante algún tiempo)
formarían la notable banda de blues rock Egypt.
‘Groundhogs Night’ muestra a una banda, y en
especial a un McPhee, que puede seguir pateando culos de grupos
y guitarristas con 20 o 30 años menos, ofreciendo un
impresionante recital a las seis cuerdas.
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A partir de ahí es el
tiempo de los tributos, de las recopilaciones de los materiales
añejos, el reconocimiento, por fin, de McPhee como uno de
los más grandes guitarristas de su tiempo, la importancia
de la banda para la escena blues rock, incluso se la considera
una de las ‘raíces del punk’…
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Mentes
de Ácido: ¿Piensa
que The Groundhogs han sido alguna vez valorados en su justa
medida?
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Tony
McPhee: Realmente
no, a pesar de que tuvimos algo de éxito en las listas de
álbumes durante los primeros 70, y yo fui votado el 4º
mejor guitarrista de UK en el 71. En el otro lado de la moneda,
está muy bien que pueda seguir teniendo una vida normal,
sin tener que enfadarme ni tener discusiones todo el tiempo.
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1999 comienza con una nueva
grabación de The Groundhogs, ‘The Muddy Waters
Song Book’, un álbum tributo al gran Waters en
el que se acompaña de los Egypt Chipulina y Correa, y en
el que se aprecia el gran amor de McPhee por la obra del
bluesman.
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Hoy, Tony McPhee sigue en activo,
con diversos proyectos, entre los que destaca el dúo de
blues acústico que tiene junto a su esposa Joanna Deacon,
que tienen muchos conciertos en las Islas, y acaban de editar un
álbum, ‘Blues At Ten’… también
ha colaborado en el disco homenaje a John Lee Hooker ‘From
Clarksdale To Heaven (A Tribute To John Lee Hooker)’
grabando un par de temas (‘Groundhog Blues’ y
‘I'm Leaving’) con los míticos Dick
Heckstall-Smith y Clem Clempson (Colosseum). Y de vez en cuando,
menos frecuentemente de lo que nos gustaría, vuelve a
coger la guitarra eléctrica para hacer algunos conciertos
eléctricos, en dos caminos diferentes: alguna vez ha
reunido a los Groundhogs originales, Peter Cruickshank y Ken
Pustelnik (que siguen unidos a la obra de McPhee con su propio
grupo, Groundhogs Rhythm), para hacer conciertos (su memorable
actuación en Shrewsbury en 2003, con el trío
clásico – Pustelnik, Cruickshank y McPhee –
quedó recogida en el DVD ‘60/40 Split’,
demostrando que siguen siendo geniales), pero es más
fácil disfrutarle al lado de los Tony McPhee’s
Groundhogs, junto a Dave Anderson y baterías diferentes..
Además, Martyn Hanson (autor de libros sobre Colosseum o
The Nice) ha escrito un libro sobre la historia del grupo, que
lleva por título ‘Hoggin’ The Page.
Groundhogs: The Classic Years’ (2005, Northdown).
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Habitantes de una tierra no
explorada, orgullosos de encontrarse allí, The Groundhogs
se sitúan en un universo peculiar, que puede ser visto
como el hábitat del más especial e inquieto
bluesman blanco de la historia del rock, McPhee es un ejemplo de
integridad, siempre yendo acorde con los tiempos pero guardando
unas pautas que le son propias, ‘el sonido McPhee’,
tan imitado como inimitable, y que ha marcado, aun desde su
posición minoritaria de grupo de culto (quizás
incluso se le puede catalogar de ‘grupo maldito’), a
generaciones posteriores.
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George Brigman o los actuales
Orange Sunshine tienen una esencia Groundhogs incuestionable en
su sonido, pero no son los únicos, Master Of Reality,
Queens Of The Stone Age (versionan ‘Eccentric Man’),
Current 93 (versión de ‘Sad Go Round’),
Mudhoney, Earthless (ambos versionan ‘Cherry Red’),
Foo Fighters o Pavement (Dave Grohl y Steve Malkmus son grandes
seguidores de los Groundhogs) también dejan entrever
importantes puntos en común con el grupo de McPhee.
Incluso músicos, en principio, alejados del estilo de los
Groundhogs les consideran una de las bandas más
influyentes de la historia del rock, caso de Captain Sensible,
líder de The Damned, y fan confeso del grupo.
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